En aquel entonces
éramos salvajes.
Gritábamos la furia,
Reíamos la felicidad,
Temblábamos de frío,
Llorábamos la tristeza
¿Cuándo cambiamos?
¿Cuándo empezamos a fingir,
A expresar lo contrario
A lo que sentíamos?
Por encajar, por agradar,
Por imitación,
Ocultamos, tras una máscara,
Nuestras pasiones.
Miedo, preceptos que nos empujan
A aparentar, a amarrar
ese espíritu salvaje, indomable
en nosotros.
No desentonar, es la premisa.
Ser adulto es ser hipócrita,
es amoldarse a los demás,
es sacrificio en perjuicio propio
Y en ajeno beneficio.
Una lágrima cae silenciosa,
Un grito es reprimido,
Una sonrisa medrosa,
que no muestra sus dientes
Un apretón de manos
Superfluo, inocuo,
pero obligatorio:
interés.
Crúzate de brazos, niño grande,
ante la hostilidad.
Llora, ante la tristeza.
Sé tenaz, para conseguir lo que quieres.
Patalea cuando te sea arrebatado
Un objeto de tu afecto
Ríe sueltamente, con alegría,
Sin temor...
La adultez sobreestima,
La adultez corrompe,
Hace creer que la maldad
es la regla general
Que siempre se debe
estar en guardia,
Atento, ante las amenazas,
Desconfiar las más veces,
No mostrar debilidades
(Ni virtudes).
Eres y siempre
serás lo mismo
Ellos son y siempre
serán lo mismo.