Quitarle la venda al amor ciego y devolverle para siempre la alegría de sus ojos, sería la mejor acción para los poetas que amamos la imperfección.
Nosotros no somos perfectos, por lo tanto no debemos pedir ni exigir perfección. Hemos sido criados con la idea del príncipe azul y de la cenicienta, y nos encontramos con muchos jóvenes adolescentes que desean formar una pareja y no la consiguen porque acentúan la búsqueda del hombre o la mujer perfecta.
Vemos tantos divorcios en nuestro padre y amigos y familiares, porque nos casamos pensando que todo era color de rosa y en la primera, tiramos la toalla y echamos por tierra aquellos sentimientos puros que fueron los mejores, en sus momentos. Y sin pensarlo mucho la perfección es un daño emocional que nos llevara al destino incierto si lo buscamos.
A veces la imperfección es lo más lindo que dios nos envió, nuestro destino es estar unido a la perfección cuando nos unimos con la imperfección, no seamos duros con nosotros mismos el destino es imperfecto cuando lo hacemos correcto y será más imperfecto cuando no exigimos nada y esperamos que decidan los demás.
A veces buscamos hermosura y no vemos lo de adentro, y a veces vemos lo feo y tememos y resultan las mujeres y hombres más dulce cariñosos y ejemplares, exitosos y responsables.
La imperfección es una prueba de cómo ser perfectos, amé monos como nacimos, como somos y como producimos y destacaremos sobre la imperfección de los mejores y seremos orgullo de tu fea o feo y la envidia del perfecto.
“Adquiere sabiduría por encima de todas las cosas y lograras creer en la perfección”.