Somos etéreos... ¿O era eternos? Tal vez ambas cosas signifiquen lo mismo. Una dualidad de emociones distantes entre sí llegan hacia mí; ¿pero quién las recibe? ¿El ser diseñado por los miedos de mi mente o el ser diseñado por el alma al adueñarse de mi cuerpo?
La libertad empieza cuando los miedos ceden.
Hoy doy los pasos más inciertos de mi vida y los que más seguridad reflejan entre mis acciones. Cuando los canales de la existencia empiezan a mostrarse, los moldes de la mente prediseñada empiezan a decir que son lugares peligrosos para transitar. Postrado ante el umbral de las infinitas decisiones que acacerán en eventos imprevisibles sólo pueden consumir a este cuerpo las diversas emociones. ¿Cuáles emociones? Dudas, miedos, ¿qué es eso? La mezcla entre las imposiciones que el ser humano decide inculcar a las mentes más pequeñas y las barreras que se crearon alguna vez en mi interior, limitando la verdadera esencia de mi ser a prosperar consigo mismo y a progresar en su camino.
¿Qué es entonces la libertad?
Ser libre es simplemente ser…
Entre los años he sido una secuencia lineal de bloques que han moldeado mi conducta y mis acciones y no me he permitido ser. Parte de la restricción en mis acciones y expresión de emociones se han visto respaldadas por el miedo.
Miedo, miedo, miedo, ¿mie...?
Conozco más sobre temores que de amores; parece una afirmación un tanto triste, ¿no? Definitivamente lo es. Conozco mucho acerca del temor. El titubeo y turbulento actuar del cuerpo al recitar palabras que salgan del alma; el silencio que sucede a la indeterminación de las palabras. Fui un maestro de los miedos, pero no por dominarlos sino por vivir constantemente entre ellos.
¿Pero qué es exactamente el miedo?
Una... ¿telaraña?
Miedo ha de ser aquel instante donde el pecho se encoje al callar las palabras, al cesar las acciones, al detener el alma. Miedo ha de ser el constante argumento que sólo palpa las expectativas válidas del mundo y no las realidades del universo que habita en mi interior. Miedo ha de ser el silencio que arropa las lágrimas generadas tras callar los gritos del alma.
Miedo es la distancia que separa los suspiros de los anhelos; los anhelos de los lamentos; los lamentos de los deseos. Hay quienes a la muerte temen y por esa razón infunden el miedo a la vida. El miedo es el pilar que sostiene las bases para controlar a una sociedad distante de sus valores; el miedo es la razón por la que se perciben tan distantes los sueños y los amores. El miedo, entre tantas cosas, es la desgracia fundamentada por el hombre entre las cotidianas acciones.
El miedo como una característica instintiva para protegernos de los peligros de la naturaleza se convirtió en una herramienta manipulable para cohibirnos de vivir.
«Libérame de mis constantes prejuicios. Derrumba mis propias barreras mentales»
En algún momento esas fueron mis oraciones, mis peticiones hacia algo; para mí, es un decreto que hago hacia la vida y hacia mí mismo.
Los paisajes empiezan a ser visibles...
En el instante que descarté de mi corazón los prejuicios hacia el mundo, en el momento en que las barreras fundamentadas por el temor empezaron a ser barridas de mi mente, se han ido librando poco a poco los temores más comunes a los que nos vemos atados como seres humanos: El temor a expresar, el temor a sentir, el temor a ser.
¿Temor... A qué?
Para mí la libertad del ser humano es algo infinito. Torciendo un poco los conceptos, no existen restricciones, sólo consecuencias. Hay quienes bailan al filo de las consecuencias con tal agilidad que parece jamás encuentran peligro alguno. Hay quienes al contrario, se encierran entre columnas cimentadas por el qué dirán y el qué sucederá, danzando eternamente entre banalidades y desesperanza. Existe algo tan infinito en el mundo que es incapaz de ser observado debido a los temores y los prejuicios; debido a la inestabilidad de nuestro verdadero ser al tratar de salir golpeando los muros autoimpuestos por nuestra propia terquedad. Constantemente dialogo con personas de rostros alegres y cuerpos vacíos, sumidos entre sus dudas y negatividad ante un presente que rompe por completo su verdadera necesidad de estabilidad.
— Si no crees poder hacerlo, difícilmente suceda —susurro con algo de esperanza—.
— No es tan sencillo —dice algún espectador de mis palabras resignado a su propio pesar—.
He recorrido los caminos de la incertidumbre y el dolor, enfocando mi mente en lo que se perdía y en la vida que parecía extinguirse rápidamente para mí. Probé lo amargo del contraste entre el actuar y el sentir, y lo pesado del callar. Probé todo lo terrible que puede existir en el corazón de un ser resignado a su propia existencia, vagando entre la inexistencia al dar pasos entre la nada, aquella nada que se maquilló por mi propia irracionalidad.
Hoy, decido recorrer los caminos reales de lo infinito. Que mis acciones se pinten con la honestidad de mi corazón. Vivo para escuchar los latidos que mantienen con vida mi cuerpo y mi espíritu; para escuchar los alegres susurros que tiene el alma para mi vida, y actuar sin esperar nada pero siempre buscando algo: La perfecta sincronía entre mis deseos y mis acciones.
La libertad para mí radica en actuar viviendo acorde al sentir de nuestros corazones y barriendo el temor a la expresión. Cuando la voz se alce por encima de lo posible, lo imposible será otro terreno a través del cual caminar.
La actitud por sí sola parece no cambiar nada, pero cambia nuestra perspectiva. La perspectiva moldea nuestras acciones y las acciones nuestro futuro.