Si antes pendía al borde un precipicio,
ahora lo hago al borde de la demencia.
Todo el control que a duras penas logré,
toda muestra de poder soportar el fiero querer…
¿Fue tu esplendorosa melena rebelde,
con cuidado junto a tu rostro liberada,
la que me atrapó en el acto?
¿O fue tan sólo tu sonrisa, la que,
fulgida por mejillas tan delicadas,
derrumbó y deshizo toda intención de resistir
y desvaneció la fantasía de que no caería ante ti?
Eres un ser fascinante en verdad.
Escribiría sobre ti sólo para darle a las palabras
el sentido por el cual nos fueron dadas.
Mirarte es un placer que ningún horizonte
me haría descuidar u olvidar.
El cómo me vuelvo nada ante ti,
el cómo sucumbo ante una mirada
que a la mía hechiza, es algo que
ni mis sueños ilusionados
podrán alcanzar a dar idea.
¿Pero cómo sentir, cómo decir
que ante la cándida silueta tuya,
yo podría algo digno de ti ofrecer?
Mi oscuro corazón, que tan frío ha sido,
que por tanto tiempo se compactó
ante el asedio de una realidad desalentadora,
haciéndose cada vez más árido, sereno,
pacífico, cuya única voluntad era
la de existir en un mundo donde nada
le ofrecía un motivo por el cual luchar,
quedó encantado, fascinado al conocerte.
Y con toda mi frialdad, tu silueta, arrasó;
y si bien mi voluntad era inquebrantable,
lo cierto es que por ti ya me rendía yo.