¿Cuántos de nosotros no hemos despertado al día siguiente deseando que no se acabara el sueño que estábamos teniendo? Deseando que fuese real, teniendo el amor de esa persona, o tal vez ese carro que siempre quisiste, quizá teniendo en tus brazos a ese familiar o amigo que la muerte te arrebató. Puede que el panorama fuera otro… Tus más escondidos temores salieron a relucir y sentiste al despertar unas intensas ganas de llorar, con el corazón acelerado, dando gracias de que no fuese real, aunque en ocasiones nos cuesta asimilarlo y tras pasar algunos segundos aún no tenemos del todo claro que es lo que está sucediendo.
El día de hoy les relataré uno de esos últimos...
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Me encontraba en un hospital muy sucio, descuidado, bastante decadente a decir verdad. Me parece que era algún tipo de enfermera allí. Había personas mutiladas, con heridas de bala, algunas con una simple tos, pero estaba ingresado un paciente que destacaba entre los demás.
Era un hombre que padecía de una extraña condición. Al parecer había que tenerlo bajo observación porque su ingesta de alimento debía ser supervisada por alguien especializado. La situación empieza a tornarse extraña cuando me doy cuenta de que, para que se entretuviera, le colocaron un televisor, lo que sucedía era que su comportamiento se tornaba muy extraño cuando veía comida en los programas que estaban transmitiendo, hasta el punto que debían cambiar de canal.
Su reacción era aberrante, grotesca, llegaba al límite de excitarse sexualmente al ver esas escenas. Claro, no pasaba a mayores porque al cambiar de canal, todo volvía a la normalidad. Pero llego el momento en el que se quedo “solo”, lo digo entre comillas porque en su habitación había otro paciente a su lado, dormido, y estaba yo también, pero en un plano de espectadora, no tenía control sobre nada de lo ocurriría a continuación.
Otro programa sobre comida… Nadie estaba allí para cambiar de canal. Como de costumbre empezó a respirar muy fuerte viendo aquellas imágenes que provocaban en él un descontrol absoluto, su corazón comenzó a acelerarse cada vez más, el deseo sexual estaba totalmente presente. Al siguiente instante se acercó a su compañero de habitación, pensaba yo que quería besarle, y en efecto comenzó a hacerlo, es solo que no se detuvo allí. Comenzó a succionar sobre la boca de su compañero. Lo hacía de una manera tan fuerte que los órganos de segundo señor empezaron a salir por su boca al mismo tiempo que el primero se los iba comiendo. Imaginen mi desesperación al no poder detener todo aquello. Esperaba que alguien más lo hiciera, pero no hubo respuesta. Continuaba aquella desesperante y aterradora escena… Degustando aún un trozo de hígado, su abdomen empezó a hacerse mas y mas grande, mientras todo esto sucedía, el hombre llegó al mayor grado de placer que alguien puede sentir, llegó al clímax de su deseo sexual y, al mismo tiempo siguió creciendo hasta estallar en mil pedazos.
Intestinos, sangre, órganos por doquier, era una verdadera escena gore la que en ese momento estaba presenciando. Abrumada, sentía una gran desesperación por no haber podido tomar el control y que aquello llegara hasta ese punto. Los empleados del hospital pasaban de un lado al otro viendo todo lo sucedido y el desinterés reinaba en ellos, nadie movía un solo dedo, ni mucho menos se impactaban por lo ocurrido.
Me acerque lentamente, y la verdad no se con que propósito lo hice, ya sabía que era lo que había pasado, pero de todos modos la curiosidad me invadió. Logré ver a detalle todo lo antes mencionado. Salí corriendo de la habitación y frente a mi comenzaron a pasarse imágenes que me daban información de quién era este hombre. Los detalles sobre su vida y el porqué de su condición, son bastantes absurdos la verdad, insignificantes así que no los mencionaré, además de que no los recuerdo con claridad. Cuando desperté mi ritmo cardíaco estaba estúpidamente alterado. No pude conciliar el sueño hasta varias horas más tarde porque cada que cerraba los ojos volvían esas imágenes a mi mente.
Es curioso como estos eventos pueden influir tanto en una persona, al menos a mi me pasa (y muy frecuentemente). Cuéntame si a ti te ha sucedido algo parecido, me encantaría conocer la experiencia más aterradoras que has vivido mientras duermes, la que más te haya marcado, o tal vez la más reciente.