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Navegando por Facebook me topé con un video que hace tiempo no veía, un fragmento de la entrevista que realizó Michael Moore a Marilyn Manson sobre la masacre en Columbine (1999), en la que dos adolescentes realizaron un tiroteo matando a 12 estudiantes y un maestro, e hiriendo a 24 más. Michael Moore entrevistó a Manson por los señalamientos de los medios, quienes argumentaban que los agresores fueron influenciados por las letras satánicas y violentas contenidas en su música
Pero estos tiroteos no fueron perpetrados por adolescentes (como los de Columbine), sino por adultos. Algunos dicen que esta gente estaba mal de la cabeza; el tirador de la iglesia, por ejemplo, quería matar a su suegra por una riña familiar. Sin embargo, el hombre del concierto era un contador retirado sin antecedentes criminales, al igual que James Holmes, el asesino de la masacre de Aurora ocurrido en julio del 2012 durante el estreno de la película Batman “El caballero de la noche asciende”.
Esto me lleva a reflexionar ¿qué tanto influirán las películas, novelas, series e historias en éste tipo de comportamientos? Hace unos meses uno de mis contactos publicó que iba a dejar de ver la serie “House of Cards” ya que por un momento pensó que estaba bien engañar o mentir cuando se tiene poder.
Sin embargo yo crecí jugando los videojuegos de “Street Fithter”, “Killer Instinct” y “Mortal Combat” y no me volví un peleador callejero. También estuvieron en auge juegos “shooter” o de disparos como Doom, Quake o Halo y tampoco me volví un pistolero o un mercenario. Por esos tiempo en la televisión pasaban caricaturas como Dragon Ball, Ranma 1/2, Sailor Moon, Las Guerreras Mágicas, Caballeros del Zodiaco, Thundercats, etc., todas ellas con contenidos de peleas, artes marciales, armas, e incluso muertes; fueron caricaturas que vi entre los 7 y 18 años, una edad muy influenciable, y nada de eso me transformó en una máquina de matar.
No descarto que las cosas que vemos, escuchamos o jugamos, tienden a influenciarnos, pero sólo hasta cierto punto. Si bien nuestros gustos son parte de nosotros y de nuestro pensar, éstos no nos definen como individuos.
Siendo más joven escuché a varios grupos musicales con letras groseras y violentas. Para los chicos de mi edad era algo novedoso y divertido, pues mientras la mayoría de las canciones hablaban de amor, de pronto llegaron estos grupos con letras como “matate tete que te mates tete” o “puto el que no grite, el que no salte” y temas que confrontaban la corrupción del gobierno y representaban una crítica social. En esa época surgió Marilyn Manson con su estética grotesca y sus letras provocativas que hablaban sobre la doble moral de la sociedad americana, la hipocresía del cristianismo y criticaba a los medios de comunicación. Lo hacía mediante el simbolismo religioso y con mucha teatralidad, explotando el morbo de las personas, y por ello fue señalado y acusado de ser una mala influencia.
Pero realmente ¿hasta dónde nos dejamos influenciar? ¿Acaso la música, los videojuegos, los programas, las series y todo lo que nos rodea nos está influenciando a cometer actos violentos? Mientras más videojuegos de guerra juguemos o mientras más rock pesado escuchemos ¿eso nos influye para salir a agredir o matar a las personas?
Una persona que ha nacido en “cuna cristiana”, que va a culto con frecuencia, hace oración y vive en un ambiente de “valores cristianos”, puede volverse la mayor calaña del mundo. He conocido a personas que se dicen y profesan ser “buenos cristianos” y sin embargo, terminaron traicionando mi confianza.
Así que ni un ambiente “hostil” garantiza que vas a ser una mala persona, ni un ambiente de “valores” garantiza que serás una buena persona.
El ambiente influye pero no lo es todo, los gustos influyen pero no lo son todo, la sociedad y los amigos influyen pero no lo son todo. Estos patrones violentos son la suma de todas las influencias que tenemos pero la mayor de todas es: la educación que nos brindaron en casa.
Las personas tendemos a “lavarnos las manos” y culpar a los demás: las malas amistades, la música, los videojuegos, la televisión, etc. Todos son culpables excepto nosotros mismos, cuando no supimos educar, no supimos poner límites, no supimos escuchar ni estar presentes, no supimos corregir ni prestar atención, no supimos dar amor y tratamos de “compensarlo” mediante cosas materiales. Y al decir “corregir” no me refiero a actos violentos o humillantes, todos los excesos son malos, tanto la ausencia como el exceso de corrección, por lo que es imperativo encontrar un punto medio.
Aunque todo influye en mayor o menor medida, nada es tan decisivo como la educación, ya que ésta determina la manera en que permitimos que nos afecten las situaciones de nuestro entorno, regulando nuestras respuestas y reacciones ante él.
Creo que en algún punto de nuestra vida, todos hemos querido matar a nuestro jefe o a alguien que nos está haciendo la vida miserable, sin embargo no lo hacemos; lidiamos con ello de otra manera debido a la educación que nos brindaron y a la forma en que aprendimos a manejar estas situaciones.
Si queremos una sociedad menos violenta, lo que necesitamos hacer es dejar de culpar a la música, a los videojuegos, a las películas y ver que los verdaderos culpables son el abandono y la falta de atención. Debemos de transformar a la sociedad desde adentro, no desde afuera; aprendiendo a educar, a escuchar, a respetar, a ser tolerantes y empáticos. Cuando aprendamos a respetar a los demás, habrá menos bulling en las escuelas, menos crímenes raciales o religiosos, menos grupos vulnerables que necesiten defenderse violentamente para ser escuchados o tomados en cuenta. Debemos aprender que nadie, sin importar sus gustos, raza, religión o posición económica es mejor que nadie, todos somos distintos y aportamos cosas diferentes a nuestro entorno.
Y sobre todo debemos saber, como dice Alejandro Jodorowsky que tal vez “no podemos cambiar el mundo, pero podemos empezar a cambiarlo.”
Y tú ¿cómo quieres que sea el mundo en el que vives?