Al salir del local me quedé pensando en lo sucedido y de camino a casa fui reflexionando.
Primeramente Ralph fue obligado a llevar la vida que llevaba, estuvo destinado desde el inicio a jugar un rol de malvado y pudiera ser que en un principio incluso le era divertido y lo disfrutara, pero con el pasar del tiempo, la rutina se fue apoderando de él, como se apodera de nosotros. Por la naturaleza de lo que tenía que hacer, la gente lo rechazaba y al final se quedaba sólo, sin nadie con quien compartir nada, por lo tanto era apartado, señalado, aislado, repudiado, la gente lo miraba con malos ojos y lo único que quería él era encajar, tener amigos con los que compartir los momentos buenos o malos, lo único que quería era amar y ser amado y que lo aceptaran tal cual era, Ralph no podía hacer otra cosa que destruir, estaba en su naturaleza, en su código, en sus genes y eso hacía que pudiera existir su contraparte: Felix que no podía hacer otra cosa que reparar y así Felix repara lo que Ralph rompe y eso llevaba a la armonía de su mundo. Pero Ralph se cansa del desprecio y de la soledad… cosa que nadie más ve porque nadie más lo sufre… así como nosotros despreciamos el dolor ajeno porque no sentimos lo que ellos sienten.
Y ¿es que acaso podemos entender el sufrimiento de los demás? Generalmente tendemos a minimizar el dolor ajeno, hace tiempo vi en Facebook memes que decían: “niñas de 15 años sufriendo por amor y sus papás sufriendo por ¿qué van a comer mañana?” y siempre daban mucha risa esos memes, uno siempre se preguntaba… ¿Por qué está sufriendo por tonterías cuando hay verdadero dolor y sufrimiento en el mundo? Pero la cosa es que cada quien tiene su dolor, cada quien vive su pesadilla y lucha contra sus propios demonios de su pasado o de su presente, y es que en la vida el dolor es parte del crecimiento, es lo que nos enseña a ser mejores, a cambiar, a crecer, a madurar, a lograr nuestros objetivos y nuestras metas, nos enseña a aprender y a valorar, por eso Ralph con su dolor crece y lucha por cambiar su entorno. Y ¿quiénes somos nosotros para juzgar el grado de dolor de alguien más? Tal vez no lo entendamos, pero mucha gente se hunde en su dolor tanto que se vuelve depresión e incluso puede llegar al suicidio, gente que al parecer lo tiene todo, que está en la cima de todo y decide ponerle fin a su vida. Y entonces nos preguntamos ¿Por qué hizo eso si era tan feliz, si lo tenía todo, si no sufrió como otros han sufrido? La respuesta es: Porque cada quien tiene su dolor y su lucha interna y no somos nadie para decir que ese dolor es más grande o más pequeño que el mío, pero lo más importante de todo no es el tamaño o la intensidad del dolor, sino lo que haces con él: o te lo quedas por mucho tiempo y te revuelcas y te hundes en él o lo ocupas para transformar tu vida, para decir: “esto no me va a afectar, no quiero esto en mi vida” y sigues adelante, superando las adversidades que están por venir, grandes o pequeñas.
Eso me puso a pensar que también tachamos de “antinaturales” muchas cosas en la sociedad y creamos minorías que rechazamos, señalamos, aislamos y repudiamos porque no comparten cierta ideología con nosotros y creamos cánones de todo: belleza, familia, orientación sexual, vestimenta e incluso de la piel (con o sin tatuajes, blanca o morena, etc.) y todo lo que se sale de los cánones lo volteamos a ver con desagrado y de ahí tenemos a toda la sociedad tratando de encajar en esas características perfectas que no son para todos… y nuestra búsqueda de la perfección o simplemente nuestro intento de encajar en lo que está bien visto, se transforma en frustración porque no cumplimos esos estándares y la vida se vuelve una misión imposible.
Ralph el demoledor nos enseña a amarnos tal y como somos sin caer en el conformismo, sino siempre buscando nuestro bien, siempre buscando llegar a una situación idónea y luchando por alcanzar nuestra felicidad. Tenemos un destino y un propósito en la vida, pero nadie es adivino para saber cuál es, y en el camino nos vamos descubriendo a nosotros mismos, lo que realmente nos gusta, lo que debemos y podemos cambiar para poder ser mejores, así que debemos de disfrutar el camino en lo que llegamos a saber cuál es nuestro lugar y tratemos de ser felices con lo que somos. Así que parafraseando a Ralph sólo me queda decir: “Soy humano sin importar mi religión, edad, sexo, orientación sexual, complexión, color de piel, posición económica, ideología, costumbres, cultura, origen étnico, forma de vestir, nacionalidad, gustos, etc. y eso es bueno, yo jamás seré distinto y eso no es malo, no hay nadie quien quiera ser además de mí...”