El fascismo, ese peste diabólica que descendió sobre Europa durante los años entre las dos guerras, surgió en Italia donde Mussolini se afianzó como el primero de los dictadores fascistas.
¿Cómo este matón fanfarrón logró obtener tal control sobre sus compatriotas? En 1920, Italia estaba agitada; los italianos sentían que habían salido mal de la guerra, y la ocupación por D'Annunzio del Fiume había vuelto a despertar los sueños de grandeza nacional. En lo interno la agitación revolucionaria derivó en huelgas masivas. El débil y dividido gobierno parecía incapaz de hacer frente a las amenazas tanto de los nacionalistas como de los bolcheviques, y por todo el país había pobreza y una creciente cesantía. Benito Mussolini había sido anteriormente socialista, e incluso editó una revista marxista. Impaciente con la aparente debilidad del movimiento socialista, formó el primer grupo fascista en Milán, enrolando a otros ex-socialistas, estudiantes, ex-oficiales y derechistas descontentos. Los fascistas no lograron obtener mucho apoyo popular en las elecciones italianas, y Mussolini se volcó a buscar otras formas para hacer conocer su nombre. Buscó incesantemente el apoyo entre los terratenientes y los industriales que, como en muchos otros países, estaban aterrorizados por un golpe comunista. En su nombre, Mussolini organizó bandas de matones fascistas para aterrorizar a la izquierda. El éxito de estas tácticas le depararon nuevos reclutas. El ejército, los policías, los magistrados y los políticos estimaban que podían utilizar a los fascistas para sus propios intereses. En octubre de 1922, el mes de la Marcha sobre Roma, Mussolini contaba con amigos en toda Italia y fue capaz de abrirse paso hasta el poder.
Hacia 1925 se había convertido en dictador, con poderes para censurar la prensa, la radio y el cine, para prohibir las huelgas y controlar los sindicatos permitidos. Funcionarios fascistas dirigían el país y Mussolini, "Il Duce", tenía el dominio completo.
Referencias: