Adivino tus labios en los míos,
perdidos en el laberinto de la noche,
alquimistas invisibles que se proyectan
a través del hiper espacio desconocido
entre lluvias de aromas y sabores.
Nuestros brazos confundidos y presos,
viajeros anhelantes de sensaciones,
vehículos galantes de promesas,
soldados de sangre en el campo
incandescente de nuestros cuerpos.
Adivino la luz en el miedo
de ser presas de la eternidad,
trozos de inmortalidad y sonrisas,
libertad de morir en las noches
en el fuego de nuestros cuerpos.