Es todo un prestidigitador de las emociones humanas.
Logra extraer lo mejor y peor de cualquier persona, gracias a su sobrenatural carisma, razón por la cual nunca ha sido sospechoso de haber violado la ley, a pesar de haberlo hecho en reiteradas ocasiones en su labor de detective de homicidios.
Por veinte años ha manipulado las escenas donde ha sido ajusticiado el causante de los asesinatos, de tal forma que no descubrieran que siguiendo el código de Hammurabi de ojo por ojos, él ha tomado justicia por su mano matándolos.
Descubrió que adular a las personas es una llave mágica.