Besos furtivos en espacios prohibidos,
ardor de almas que incendian los cuerpos,
promesas que nunca se pronuncian
y el sabor a gloria de los labios
que se multiplican y desean.
Sexos que transitan las vías del tren
hacia los laberintos de las locuras,
raudos entre orgasmos que gimen
ante la explosión de soles y lunas,
ante el prohibido placer de la carne.
Esclavos de la posesión innecesaria
de sentimientos que se diluyen
entre noches de fantasías y veleidades,
entre copas del veneno letal
del encuentro que se desmaterializa.
Amantes que se desintegran y evaporan,
ladrones de minutos que maximizan
la desnudez de sus debilidades,
ansias que fluyen sin el temor al pecado,
ni la valentía de la transparencia.