Cuando la muerte llega
nos percatamos de lo frágiles
y efímero que somos,
humo de los días
que se va desvaneciendo
para transformarse en aire,
en polvo que regresa al polvo
acompañado por dolores
y despedidas de quienes
nos han amado.
Misteriosa ecuación
en la cual el principio
y el final tienen iguales
sensaciones y diferentes
protagonistas.
Nacemos llorando
y nos despiden
igualmente sollozando.
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