Toda la ciudad y los medios están alborotados y escandalizados por el juicio que se lleva a cabo esa tarde, porque el protagonista del mismo es un multimillonario transexual, quien antes de hacerse la operación de cambio de sexo se llamaba Ronald y ahora su nombre es Anna.
Este fue capturado tras dar muerte a Rosa, su pareja.
Un crimen que las autoridades señalaron como pasional pero que el homicida llama justicia.
Por razones obvias, dada la posición económica del acusado, no se han filtrado detalles a la prensa e incluso se logró prohibir la transmisión televisiva del juicio.
Tras los alegatos de ambos abogados llega el momento más importante del juicio.
Anna es llamada al estrado.
Camina lentamente y tras hacer el juramento espera las preguntas.
El representante de la fiscalía es directo.
-¿Mató usted a Rosa Unmberling?
Fuente de la imagen
La acusada mira al abogado y no responde por lo que este nuevamente hace la pregunta.
Esta vez sí responde.
-Sí.
Se oye un pequeño murmullo que es acallado con el golpe del martillo del juez.
-¿Está arrepentida de haberlo hecho?
-No.
Nuevo murmullo.
-¿Por qué?
-Hice justicia, ella me engañó.
La audiencia y el jurado están seguros que eso corrobora el crimen pasional del que hablaron las autoridades.
-¿Matar es hacer justicia? ¿Se debe matar a quienes engañan? ¿Merece la infidelidad pena de muerte? -Le responde el fiscal.
Ella dice.
-Usted no entiende.
-Explíquenoslo entonces.
Fuente de la imagen
-Conocí a Rosa hace cinco años en un club donde trabajaba como bailarina, yo era hombre y me atrajo y pensé que eso había sido mutuo. Salimos en varias ocasiones, le hice dadivosos regalos….
-Le regaló un apartamento, un auto último modelo, una acción en el mejor club, entre otras cosas. ¿Cierto? –interrumpe el abogado.
-Sí, y viajes, vestidos, joyas, al fin y al cabo el dinero para mí no es importante pero si el amor.
-¿Ella retribuía ese amor?
-No.
-¿Por qué?
-Me dijo que era lesbiana.
-¿Entonces por qué continuó?
-Porque estaba enamorado e hice el más grandioso acto de amor para conquistarla.
-¿Matarla? –responde con ironía el fiscal.
-No, le dije que me mudaría al exterior y que posiblemente no nos volveríamos a ver, le regalé dinero suficiente para que estuviera cómoda por muchos años, le compré una tienda de ropas y ella dejó de trabajar en clubes.
-¿Y usted se fue?
-No, contraté un detective para vigilarla mientras me realizaba una cirugía de reasignación sexual para transformarme en lo que soy, una mujer, y poder conquistarla y vivir con ella. Luego me presenté a su tienda y me convertí en su mejor cliente y finalmente logré mi objetivo.
-¿Conquistarla?
-Sí.
-¿Y por qué la mató. La engañó con otra?
Anna pone su mano sobre la frente.
-Nunca me engañó, era una persona maravillosa y fiel, de eso no tengo dudas, pero cuando por fin pude llevarla a la cama descubrí que era un transgénero, era un hombre. Por eso la maté.
Todos quedan asombrados y en silencio ante la inesperada confesión
Fuente de la imagen