Gira sin cesár el planeta sobre su eje,
combinando colores azules y verdes,
matices predominantes en su naturaleza,
impávida ante el horror de la guerra,
ante el genocidio y la desesperanza.
Nave sin rumbo donde la tripulación
grita con la culpabilidad de la inocencia,
la ignorancia de la realidad que arropa
de dolor a millones de sus semejantes,
con el bochorno propio de la indolencia.
Gira llevando angustias, vilezas y tristezas,
alegrías esparcidas que luchan frenéticas
contra el sarcasmo de la honradez en duda,
sensaciones que exprimen la savia oculta
donde reposa dormida la paz y la libertad.
Particular estilo que la ironía y el desenfado
convierten en ingenuidad, en abducción
que aísla el entorno con todos sus horrores
y le da la extensión que tiene como limites
la individualidad ante los problemas colectivos.