Explotamos como supernovas en el cosmos, llenando el silencio de alaridos y como científicos insatisfechos repetimos la misma fórmula de diferentes maneras, hasta que morimos por segundos en el placer de la copula y nuestros cerebros quedaron inertes ante el ataque incesante de ondas eléctricas, que se transmitían desde nuestros sexos a través de todo nuestros órganos y miembros paralizando las neuronas y matando muchas de ellas. Resucitábamos para morir de nuevo, mientras las olas del mar y la brisa marina cantaban una melodía fantasmagórica que hablaba de locura.
Esa noche estuvo cargada de extrañas premoniciones. Había un aire extraño que se colaba en nuestros huesos y nos auguraba misterios por venir o circunstancias inesperadas.
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Por primera y única vez en el fragor de los besos me dijo que me amaba. Había cierta tristeza en sus ojos. Tal vez era el cansancio de un viaje tan largo o mi sexto sentido que estaba viendo más allá de ese preciso instante.
Nos refugiamos en la habitación los siguientes días y como era costumbre las palabras eran escasas y el lenguaje corporal mejor comprendido. Antes de despedirnos hasta un incierto reencuentro paseamos por la blanca arena de una playa solitaria, escondida entre pequeñas montañas y a la que llegamos en un pequeño bote conducido hábilmente por él.
La deformación de los cuerpos ante la transparencia del agua me hizo recordar el espejo roto que permanecía en casa de mi abuela, donde según ella, en sus mejores tiempos sirvió para que mi abuelo se mirara mientras se afeitaba. Tal vez la existencia sea eso. Una deformación de lo que realmente existe.
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Mientras navegaba de regreso hasta mi puerto, tras la despedida, abrí el sobre sellado y lacrado que me había regalado. Imaginé que fuera otra joya pero me equivoqué. Era un documento de propiedad de una casa y unas tierras ubicadas en la isla donde recientemente nos habíamos encontrados. Su nota me pareció un epitafio.
"Te servirá para cuando te canses de hacer lo que haces y yo no esté para rescatarte"
Lloré.
Nadie nunca había mostrado alguna vez un poco de preocupación por mí.
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