Uno de los principales problemas o limitaciones de quienes comienzan en el mundo de la literatura es que el léxico que manejan es muy corto o pobre, ya que generalmente usamos muy pocas palabras en la interrelación diaria con las personas y cuando vamos a plasmar alguna inspiración esta cae en las redundancias si es una narración o en cacofonías si son poesías.
Los más aplicados buscan sinónimos y hacen algunos cambios o maquillajes para solventar la situación pero la acción es tan mecánica que estas palabras sirven para la ocasión pero no quedan grabadas para ser usadas próximamente.
Para ser buen escritor hay que ser buen lector y cuando hablo de calidad estoy refiriéndome a leer buenas obras porque el mundo actualmente está lleno de literatura fácil que poco aporta aunque sean obras famosas o premiadas ya que manejan un léxico muy pobre.
Yo recomiendo leer muchos libros clásicos ya que la riqueza del lenguaje está siempre por encima de las tramas y el uso de palabras es mucho mayor ya que hay un uso continuo del lenguaje literario con sus figuras, pero aclaro que es una opinión muy personal que tal vez no sea compartida por algunos.
Quienes deseen enriquecer su léxico deben leer, pero en todo el sentido de la palabra, o sea degustar la lectura como se disfruta el aroma de un café, o como nuestro gusto se deleita con un chocolate; debe ser parte de lo que está haciendo o sea saborearse cada palabra, frase, oración y acción, de tal forma que el cerebro haga suyo lo que se va leyendo, incluso si lo hace en voz alta el oído será un receptor auxiliar para insertarlo en las neuronas.
Metido en las letras va reconociendo las palabras que no conoce su significado o las que conociéndolo no usa cuando escribe y las va anotando en un papel o libreta, puede ir haciéndolo hasta terminar la lectura o puede pausar esta y dedicarse a buscarles el significado.
Cuando quiera escribir tome esas notas y vaya agregando en su escrito estas palabras. El reto será mayor entre más agregue y retese a repetirlas en otros escritos, de tal manera que su uso vaya siendo frecuente y no le haga falta buscar sinónimos o inventarse palabras, algo que no es descabellado ya que fue corriente en muchos autores, como Cortázar o Vallejo.
También agréguelas en su comunicación oral, aunque más de uno lo vea como si usted fuera extraño, recuerde que el uso del lenguaje literario es tomado por algunos como excentricidad o locura, pero disfrútelo porque ese quizás sea un posible lector de sus obras.
A medida que el tiempo pasa y su lectura sea mayor su léxico irá enriqueciéndose, irá junto a otros elementos tomando características particulares e irá fabricando un estilo propio.