Hola amigo lector.
Hay momentos en la vida en los cuales, de alguna u otra forma, percibimos que las cosas no serán iguales de allí en adelante. Quizás no estemos del todo seguros de qué se trate, a qué se deba, ni tengamos ninguna certeza sobre la naturaleza de los cambios que están por venir, ni el porqué los presentimos de esa manera; pero los intuimos de una manera casi profética y con el tiempo nos damos cuenta de que estábamos en lo cierto. ¿Te ha pasado esto o te suena algo familiar?
La vida se compone de fases
O bien podríamos llamarles también ciclos, y a medida que va transcurriendo la vida, vemos que cada ciclo se cumple, nos guste o no. En su sentido más esencial, y salvo alteraciones concretas o una ruptura del orden natural de las cosas, la vida está compuesta por nacimiento, desarrollo, procreación, madurez y muerte. Pero más allá de eso, hay pequeños ciclos o fases que se van gestando en nuestras vidas a través de ese trayecto más general; pequeños ciclos que pueden ir desde tu tiempo de estancia en un país determinado, hasta tus relaciones de pareja, o el tiempo que debes destinar a un determinado objetivo o empresa (entre muchas otras cosas). Ello nos lleva a darnos cuenta que...
El tiempo es imparable
Nos guste o no, no podemos cambiar los hechos, y el hecho es que el tiempo es imparable, y pasa y transcurre para todo el Mundo, y nos arrastra por sus vaivenes como las olas del mar. Por ello, quizás la opción más sabia al respecto sea:
Aceptar lo que no podemos cambiar.
Cambiar aquellas cosas que sí son susceptibles de cambio (y que sea imprescindible hacerlo).
Aprender en el camino todo lo que podamos aprender.
Adaptarnos, aceptarnos a nosotros mismos.
Disfrutar la vida.
Consideración adicional
Tal como mencioné al principio del post; quizás no estemos seguros de los cambios que están por venir, pero los intuimos con un agudo sentido y fuerza. En este sentido, la resistencia a los cambios y al fin de los ciclos es, quizás, la peor postura que podemos asumir al respecto. Hay que mantener un sentido realista, y a la vez positivo u optimista sobre las cosas, independientemente de que seas una persona religiosa o atea; porque sin eso, es imposible continuar y salir adelante en la vida cuando nos topamos con los grandes cambios y/o dificultades que todos debemos enfrentar en un momento u otro.
Quizás cambiar de perspectiva sobre la naturaleza de lo que nos sucede, sea esencial para este propósito de adaptación, ¿no lo creen así?