Pasando los días en los que todo mundo profesa amores reales y fingidos, una época del año en la que es difícil distinguir entre lo verdadero y la ficción, me encuentro a mi mismo enredado en una etapa donde no soy capaz de sentir amor o rechazo... donde quizás no quiero sentir nada.
El tiempo me ha enseñado "sabiamente" a preferir aquellas personas que ofrecen estabilidad y calma a estos días perturbados, sin embargo, la vida trae consigo un sin fin de oportunidades con la intensión de tentarme a cambiar, bajo mi propio riesgo, y el aprendizaje como única garantía.
Dejar mi cabeza a un lado para perseguir un sueño puede ser peligroso, mantenerme confiado y encerrado en mi torre puede llevarme al fracaso; las preguntas que resuenan en mi corazón cada mañana ¿Que escoger? ¿Por qué debe ser algún extremo?... la respuesta es que seguramente cualquier camino puede llevarme a la meta si de verdad estoy dispuesto a ser feliz.
Llegamos a una parte crucial de esta historia, la musa que estimula mis palabras a fluir como el agua de los manantiales, la morena... esa alma libre que se define a si misma por ser una contradicción llena de emociones, aventuras, energía infinita y un ímpetu capaz cambiar voluntades y transformar pensamientos.
Hay personas que llevan dentro de si un espíritu vibrante y salvaje, les permite explotar su creatividad al máximo y aprovechar las experiencias a plenitud, pero su libertad no puede ser contenida y muchas veces se vuelve inestable.
Lo más parecido a imaginarme junto a ella sería como la tierra de lado al mar, ambos llenos de vida, con orígenes similares y con fuertes voluntades, pero uno firme y seguro, la otra cambiante e indomable. El mar erosiona la roca y la golpea con fuerza para moldearla, la tierra crece con lentitud y ofrece refugio ante las tormentas; pero ... ¿Que pasa cuando las aguas están en calma y el suelo se sacude con violencia? Toda antítesis tiene su punto de equilibrio, por eso somos obras de la naturaleza.
La naturaleza nos enseña que en el caos reside la belleza del tiempo, la vida y la muerte, el día y la noche; cada elemento que conforma nuestro entorno es a la vez complejo y hermoso, solo hay que cerrar los ojos y sentirlo.
Hablar de ella y sus incoherencias, que nublan mi juicio y me enternecen el alma, me llevaría a perderme en palabras que ciertamente no harían honor a su gracia; en este momento seguiré pensando en su risa y buscando el equilibrio entre el estable pensar y el caótico vivir.
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