Siempre he soñado con ese alguien,
ese que, sin capa ni armadura alguna,
pueda transmitirme la seguridad pura,
que sin corcel logre conquistarme
y yo siempre amarle.
Ese ser valiente que al cohete suba,
recorriendo mis planetas,
descubriéndome meteoritos,
estudiándome las constelaciones
y amando el caos cósmico que antiguos
astronautas llegaron a temer.
Alguien, ese mismo que roce mis labios,
que los endulce con rocío,
así como las gotas de lluvia mojan
pétalos de rosa,
que su boca aterciopelada saboree
cada planeta,
cada rinconcito existente junto con
cada estrella.
¿Acaso existirá alguien?
Alguien que no tema amar la fiera
que, en ocasiones, se me desata,
que no se avergüence de tomar mi
mano, ni de gritarme un te amo
ante el mundo entero.
Inigualable caballero
que de mí se enamore,
que ame mis días de sol,
pero que ame, aún más, mis días de luna,
e incluso, como una simple estrella.
Que me quiera tal cual.
Alguien, que al sumarnos,
en un universo paralelo de dos,
demos como resultado una unidad,
almas que se unen,
corazones que laten al compás del tiempo,
cuerpos que no se separen jamás.
Llámenme loca, soñadora,
mujer irremediablemente perdida,
pero no dejo de preguntarme:
¿Llegará alguien?
Aquel alguien,
a quien por fin pueda decirle:
Mírame, date cuenta de cómo
mis lunares
conforman constelaciones
para ti.
Fuentes empleadas:
Imagen de portada y de la mano son de mi autoría, tomada desde un Victoria 1.
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Hombre silueta; Pareja silueta.
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