¿Qué tanto cuesta aceptar alejarnos? ¡Cuánto más decir adiós!
El mecanismo del corazón que no se conecta con mis pensamientos,
la sombra de los recuerdos oscureciendo el ambiente,
el sol ya no se asoma por estos momentos desolados,
solo soy yo, sin ti, e incluso, a veces sin mí.
Damos un paso adelante, retrocedemos tres,
siempre una balanza impar, inestable, agobiante,
piezas de rompecabezas inconclusas,
luego de tanto encajar y desencajar,
terminaron por no unirse jamás.
Mundos diferentes, polos opuestos que ya no se atraen, miradas dulces convertidas en vacíos irremediablemente, ríos que se desvían sin conseguir su verdadero rumbo, estrellas danzantes sin lograr ni siquiera una mínima constelación, un amor perdido, un amor ya casi muerto.
Mariposas heridas, luna sin brillo, un universo jamás descubierto, abandonamos el camino, claro está, olas de remordimiento, de momentos, de tantos sueños, truenos y relámpagos de sentimientos fallecidos, golpean fuerte y me ensordecen los sentidos. Ya no hay nada que nos una.
Ya no podemos renacer,
esta vez las cenizas lucen cansadas,
totalmente indispuestas a seguir nuestro juego otra vez,
el vaivén de nuestros corazones,
el sinfín de inestabilidad de nuestros cuerpos,
ya no queda nada, el fuego se apagó,
las cenizas ya no están
y este amor murió.
En el baúl de los recuerdos quedan todos nuestros sueños,
al parecer, el saco de los deseos estaba ahuecado,
echando al suelo cada acción que con ahínco llevábamos a cabo por amor,
¡Amor! ¿Qué era realmente el amor en nosotros?
Caricias vacías, besos sin dulzor y miradas frías,
manos que ya no se entrelazan,
un rompecabezas que ya no encaja,
ya no funciona.
Dos personas, dos caminos, dos mundos, galaxias totalmente diferentes, universos tan distintos, de un día para otro, siendo agua y aceite, ya no sabíamos cómo combinarnos, ya no existía la conexión, la corriente eléctrica de nuestros cuerpos al tocarse, de nuestras miradas al chocar, ya no quedaba nada.
Escribimos nuestra historia a la orilla del mar,
olvidando que, tarde o temprano,
las olas de agua salada la arrastrarían consigo.
Ahora caminamos por rumbos separados,
quizás mires atrás y yo ya esté observando cómo te vas,
o quizás, tan solo te vayas y no pienses en nada más, da igual.
Ahora entiendo, comprendo y siento que,
en mi universo, tan solo fuiste una estrella fugaz.
Fuente de imágenes empleadas:
Pixabay:
Licencia
Portada; Estatua; Silueta de hombre; Lámpara; Mariposa
Unsplash:
Licencia
Chica y maletas; Reloj; Pareja; Recuerdos