Una historia de la vida real
Íbamos caminando y el sonido de los bates, pelotas, casco, y todas aquellas cosas geniales que tenía mi papá en su bolso de Softball me parecían increíbles. Me sentía como el hijo de Batman; con todos esos aparatos que ni sabía para que se usaban, pero para mí ¡eran geniales!. Tan solo tenía 5 años y les repito; para ese momento solo deseaba ser como mi papá.
Llegamos al estadio; la multitud, el ruido, muchos niños emocionados y yo formábamos parte de ese evento tan esperado y que lo recuerdo hoy a mis 36 años como si fuera ayer.
Empieza el partido y el equipo de mi papá, Los Caciques era el Home Club, mi padre se coloca en su posición, agachado con su careta, peto y su gran mascota en la caja de bateo, saluda al pitcher que era su mejor amigo, bateador del equipo contrario listo y el Umpire detrás del plato grita ¡PLAY BALL!. El corazón se me salía del pecho. Comienza el partido de mi vida, sí de MI VIDA.
Trascurren innings, tras innings y mi papá en el 5to; en su tercer turno al bate conecta un Home Run que a la postre les daría la carrera de la victoria. Termina el partido y Los Caciques son campeones, yo lloraba de alegría por mi papá, ¡mi héroe!. No pude celebrar con él en la cancha, pero lo esperé a que saliera y al tenerlo en frente le dije con mucha emoción: ¡Papá cuando yo sea grande, quiero ser como tú! Él solo miro hacia abajo y me dijo con su voz ronca, grave y fuerte: ¡TU NO SERÁS NUNCA COMO YO! ¡ERES UN LLORON!
Inmediatamente sentí que se rompía algo dentro de mí, en ese instante no supe que hacer, de camino a casa solo recordaba sus palabras; algo había cambiado, no sabía que decir, solo sé que desde ese entonces me convertí en un niño tartamudo, tímido, con problemas de sonambulismo, y muy pero muy llorón.
Ese fue el partido de mi vida, solo cuando me rodeaba de personas desconocidas era un chico normal, con actitudes y habilidades necesarias para jugar cualquier deporte, pero al estar cerca de mi papá o mamá todo cambiaba y me transformaba en aquel niño que odiaba y no sabía cómo se apoderaba de mí, el tartamudo tímido e inseguro.
A mis 11 años, cursaba el 5to grado de primaria y un día en la hora de Deportes, el profesor me tomó como ejemplo para hacer un saque de vóleyball, yo siempre lo hacía bien pero ese día algo cambió. Él me colocó frente a todos y dijo lo siguiente: ¡UN HOMBRE DEBE SACAR EN EL VOLEY COMO UN HOMBRE Y NO COMO UN NIÑO LLORÓN, POR FAVOR SACA TU AHORA! allí me convertí en lo que más odiaba y no pude ni siquiera darle a la pelota. El profesor me regaño muy fuerte y me llamo ¡llorón!. Caí de rodillas y lloré como nunca por mucho tiempo y solo mi hermanito que me vio en la hora del recreo me consolaba y le decía al profesor que nunca más le dijera eso a un niño. El profesor me pidió perdón, me dijo que no lo haría más, que yo no era eso, que era un niño capaz de cualquier cosa, que me quería ayudar y a partir de allí comencé a cambiar. Ese proceso me llevó muchos años, por esas palabras de aliento llegué a jugar Básquet hasta ser selección de mi Estado a los 17 años.
Esto me pasó hace muchos años y lo recuerdo muy bien. Las palabras nos marcan de niños y más si vienen de nuestros padres. No tengo hijos aún, pero sé que al tenerlos no les diré nada hiriente. Unas palabras me cambiaron para mal y otras me ayudaron a sanar, el ser padre lo veo como un juego de softball, en el que dirigimos como coach a nuestros hijos y dependiendo de cómo los guiemos podrán sentir seguridad y valentía para afrontar los retos de la vida. Tus palabras marcaran para bien o mal a tus hijos, sobrinos, nietos, alumnos. Pensemos siempre antes de hablar, no justifiquemos nunca un insulto o vejación dirigido a un niño por una molestia o incomodidad, mucho menos si el niño tiene una debilidad. Debemos ser sus puntos de apoyo para que crezcan y no para que se sientan inferiores. Gracias a Dios sané muchos años después, y hoy en día puedo decir:
“Ciertamente las palabras no se las lleva el viento”.
Esta es una experiencia personal de mi niñez que quise compartir, para que estemos atentos de como nos dirigimos a las personas y mucho más a los niños. Las imágenes son dibujos de mi autoría editados en Photoshop.