La Santa Ana Triple del Museo de Ávila
No hay datos sobre ella, salvo que perteneció a la colección privada del marqués de Benavites, como la mayor parte de las obras que se exhiben en el piso superior de este Museo Provincial de Ávila, cuya sede fue, en tiempos, la antigua Casa de los Deanes, situada a escasos metros de la iglesia –también reconvertida en museo-, de Santo Tomé. Bajo la referencia (B/68/4/442), ésta magnífica talla románica, que representa una inusual versión de Santa Ana Triple, donde la Virgen le está dando el pecho al Niño, es de suponer que perteneciera a cualquiera de las numerosas iglesias y ermitas, convenientemente expoliadas durante los siglos XVII a XX –incluyendo la Desamortización de Mendizábal-, coincidiendo también con los comienzos de una rudimentaria arqueología nacional, si por tal entendemos el interés de ciertos personajes de la nobleza, donde más que el estudio pormenorizado de un pasado ciertamente rico y desconcertante, primaba el gusto por coleccionar unos objetos artísticos, cuyo valor el pueblo llano, eminentemente analfabeto, no sabía apreciar y mucho menos valorar, constituyendo, en muchos casos, el núcleo principal de formidables colecciones privadas, muchas de ellas desconocidas para el público en general.
Son interesantes los colores que caracterizan a esta Trinidad divina y generacional, donde destacan los tonos dorados y anaranjados, sobresaliendo, en el caso de Santa Ana, del tono azul acuoso de su vestido. Hay una doble transmisión de esa Fuente de Sabiduría, metafóricamente hablando, de la que se nutre el Niño. Un Niño que, además, nos indica la dirección de la tierra con el dedo anular de su mano izquierda. Tanto el rostro de la Madre, como el rostro de la Hija, mantienen ese hieratismo característico de la imaginería mariana precedente, actuando Santa Ana como trono o teothokos de la siguiente generación, cerniéndose sus manos –notablemente más grandes-, sobre las supuestas figuras de su hija y de su nieto.