Cuando amanece en los campos de Castilla, las viejas glorias del arte mudéjar aparecen teñidas de un baño dorado, que hace que su contemplación sea un espectáculo de primera magnitud.
Los campos de Castilla se convierten, metafóricamente hablando, en el atanor donde maceran elementos que son especialmente tratados por ese fuego amigo del sol.
Y por un momento, todo se reviste con el color de lo sublime...