Siempre me he preguntado, cómo sería ese lugar donde habita el olvido. Pero no me refiero al olvido metafórico, rosa y simplón al que le cantaba, por ejemplo Joaquín Sabina cada vez que rompía con su pareja o a ese mismo rincón, oscuro y solitario de nuestra habitación, en el que acostumbramos a refugiamos para lamernos las heridas cuando los demás seguimos el ejemplo. No, en realidad –y échenme a los leones si no están de acuerdo-, creo que ese olvido, visto de una manera objetiva, viene a convertirse en sinónimo de artificio, de inmadurez, incluso de egoísmo, si me apuran, que suele manifestarse cada vez que el destino nos suena las narices para limpiarnos los mocos con el pañuelo de nuestros errores. Pueden creerme, ese olvido, puestos a comparar, es como la huevina que se utiliza en los hospitales: sirve para hacer tortillas, claro que sí, pero no sabe ni alimenta igual que el huevo natural. El olvido al que me refiero, es un olvido superior, caótico y universal donde un oscuro dios o una oscura diosa o ambos a la vez, repartiéndose cielo y tierra o día y noche, sol y luna levantan pavorosos calvarios en la memoria de la gente. Es un verdadero drama, que sucede más a menudo de lo que pensamos y al que no solemos prestar atención, escondiendo la cabeza bajo tierra, como el avestruz, pensando que el peligro pasará de largo. Pero recuerden la parábola de la mujer adúltera y la piedra y si creen que estarán seguros eternamente, lancen la primera piedra si se atreven. Se lo están pensando, ¿verdad?. Quizás en estos momentos, piensen lo mismo que yo, intentando imaginar lo horroroso que sería ver que su identidad se disuelve en nada y poco menos, como los relojes de Dalí; que sus recuerdos se han convertido en esos huevos fritos sin plato, también de Dalí, que flotan en una espesa nada sin el soporte del aceite y la sartén. Pudiera darse el caso, no obstante también, de que puestos a comparar y dejándose llevar por el romanticismo de tiempos pasados, imaginen que una noche se van a dormir y un hada, pongamos por caso una del tipo siniestro, de perversas intenciones, con las alas del color contrario al de la piel de los caballos de Santiago y Lady Godiva, nocturna y alevosa, a falta de niños recién nacidos, como era la costumbre, por lo menos en la Irlanda de Yeats, decide secuestrar su sueño y su memoria y al despertar, tan sólo saben que no saben nada.
Imaginen, o mejor dicho, intenten imaginar –les resultará difícil, por no decir espantoso-, sentir que han vuelto a nacer, que su mente está completamente en blanco, pero que a diferencia de un recién nacido, cuyo cerebro es un big-bang en expansión, no están en condiciones de procesar información y sí, por el contrario, prisioneros en un cuerpo que va la deriva y hace mucho tiempo que cruzó el umbral del palacio de la vejez. Infante en la senectud, sus ojos se abren a una habitación que ya no les es familiar, preguntándose –si es que dudosamente poseen ya esa cualidad-, quién es ese hombre o esa mujer que yace a su lado en la cama. Sentirán una caricia y una voz, que cargadas de cariño y conmiseración tal vez les suene familiar –tan familiar como un eco en la distancia-, susurrando en el oído palabras de amor que ya no significan nada. Sin sentido del pudor ni de la vergüenza, sentirán unas manos abatiéndose sobre su cuerpo desnudo, para ponerles unas prendas de vestir, de las que ya no podrán decir si les gustan o no, si están pasadas de moda, si les quedan amplias o ceñidas o si se sienten cómodos o incómodos con ellas. Ajenos al mundo de la emoción, sus gestos serán sólo un acto instintivo, que acrecentará aún más la duda y el sufrimiento de los que están a su alrededor. Bajo su condición santateresiana, viven pero no viven; mueren pero no mueren.
Créanme: no exagero si les digo, rotunda y tajantemente, que existe un lugar donde realmente habita el olvido. Y que ese lugar, después de todo, tiene un nombre propio. Podría llamarse pánico o desesperación o cárcel o pozo sin fondo o abismo o soledad infinita...Pero su nombre, como el sueño de una noche de Dalí, es simplemente Alzheimer.