Hay dos miserias en el cuerpo.
Por un lado,
la conciencia de la vida real;
y por el otro,
la retorcida libertad del ensueño.
De un lado,
la inutilidad trabajosa del día a día;
y por el otro,
la repetida continuidad de lo mismo.
Donde estamos, nos hace.
Donde no estamos, nos deshace.
Solo hay dos miserias…
para tan poco cuerpo.