
A menudo como venezolanos cada vez que escuchamos conversaciones sobre nuestra música, encontramos como el contenido de la conversación se vuelca sobre una sola cara de este arte. Una cara que es bastante conocida por toda la nación, me atrevería a decir. Si preguntamos a alguien al azar sobre su cantante favorito de música venezolana, es muy probable que solo mencione a representantes de un estilo de música en particular; Reinaldo Armas, Luis Silva, Scarlett Linares (solo a partir del disco donde está el tema En carne viva) Reyna Lucero, y los más clásicos o predecibles dirán Me gusta escuchar a Simón Díaz, mientras que en el peor de los casos nisiquiera conocen el nombre de alguna de las composiciones del maestro Simón. Pareciera que, a pesar de que en este siglo XXI se ha logrado presentar y desarrollar mucho mejor el amplio muestrario de nuestra música en el mundo (nuestros nominados al Grammy Latino como el cuatrista solista Miguel Siso son una muestra de esta exposición de nuestro compendio musical), solo tenemos oídos o asociación cultural con la música llanera cada vez que decimos, o que alguien dice Música Venezolana. Y después de los éxitos de la música llanera, solo se oye el balbucear de algunos nombres de canciones de algunos otros géneros tradicionales que simplemente se nacionalizaron, quedando prácticamente como otros símbolos nacionales casi del mismo calibre que el árbol de Araguaney, la Orquídea, el Turpial, y el joropo Alma Llanera como nuestro segundo himno nacional. Es como si estuviéramos programados solo para escuchar compases de 3 tiempos, o 3/4 como los cifraríamos en música, y de vez en cuando compases de 5/8 pero cifrados erróneamente a 2/4, para cantar el Compadre Pancho cuando estamos aprendiendo a tocar cuatro.......... y todo eso mientras lucimos un sombrero de vaquero que vemos comúnmente en las mangas de coleo, o lo que llamamos el Sombrero Pelo e' Guama. O como si nuestra historia hubiese llegado solo hasta los años 50, y de ahí en adelante el tiempo y el espacio se hubiesen detenido para que no hubiese más música nueva.
Aún en esta nueva Venezuela que está naciendo, provocando dolores de parto a quienes la estamos pariendo, existen personas que afirman que no les gusta la música venezolana porque todo es pegar gritos. Y cuando analizamos detenidamente para saber que quisieron decir esas personas, o a quienes se estaban refiriendo, o se los preguntamos, todo lo que encontramos como respuesta son una buena cantidad de vagos recuerdos sobre alguna vez, cuando se toparon con las melodías de algún joropo llanero, en el que el cantante hacía la entrada tradicional junto con el arpa (que es lo más probable).
Pero ¿de dónde viene este problema de esa visión tan corta del público sobre nuestra música? Y sobre todo ¿qué podemos hacer para contribuir a que se conozca mejor nuestro gran compendio musical? Esto es algo que sin duda debe ser discutido entre todos los sectores que trabajamos por este arte nacional, para ayudar a su divulgación efectiva y masiva.
La gran verdad es que, a estas alturas no debería parecernos extraño, ni impresionante saber que en este país se practica un compendio musical tradicional, bastante nutrido con una gran cantidad de géneros dispersos en todas las regiones del mapa nacional, los cuales cambian de estilo según la región donde se toque.
Y que nuestra diversidad musical comprende géneros autóctonos, producto de la fusión de géneros y culturas entre nuestros antepasados españoles, negros e indígenas venezolanos, géneros internacionales como el vals y el pasodoble que se integraron en nuestro compendio musical tradicional, y los géneros afrovenezolanos distribuidos en las costas centrales, y en el sur del lago de Maracaibo con los Chimbangueles de San Benito de Palermo. Y todo esto sin contar todas las propuestas musicales de movimientos y estilos artísticos que surgieron a partir de los 60 aproximadamente, como el ritmo Orquídea, los géneros de la Onda Nueva, etc. Esto debería hablarnos también del extenso, y casi interminable repertorio nacional de canciones tradicionales y contemporáneas que manejamos los intérpretes de este compendio musical.
Pero por ciertas razones (algunas muy desafortunadas), la gente evoca solamente símbolos nacionales a la hora de proyectar su propio concepto de la música venezolana, como si estuviéramos hablando de usar una plantilla para escribir lo mismo una y otra vez, y de la misma manera, con la esperanza quizás de dar una impresión de estar al día con nuestros sonidos.
Pero comencemos por el principio.......... Veamos algunos hechos importantes......
Hay algunos acontecimientos fáciles de relacionar con este problema (sin ganas de justificar las cosas), como por ejemplo, algunos de los argumentos que leí en el artículo ¿Por qué la música venezolana no es conocida internacionalmente? de Aquiles Báez, en Prodavinci, sobre cuando se erigieron muchos de los símbolos nacionales que hoy en día conocemos, tal como lo dije en las primeras líneas de esta disertación, el Araguaney como árbol nacional, la Orquídea como flor nacional, y algunos otros símbolos más hasta llegar al Joropo como nuestro baile nacional.
En el gobierno de Marcos Pérez Jiménez se creó un movimiento bajo el nombre del Nuevo Ideal Nacional, el cual movió toda una maquinaria para no solo crear un renacimiento económico, sino uno cultural con el que se promulgaron ciertas leyes, con las que algunos elementos fueron declarados como símbolos nacionales, entre los cuales se incluyó al joropo. Algunos dicen que Pérez Jiménez era muy amante de este baile, y que esa fue la razón de haberlo declarado como símbolo nacional (más específicamente al joropo llanero). Después Aquiles Báez sigue argumentando en su artículo que años después en el primer período de gobierno de Carlos Andrés Pérez se promulgó una ley que le llamaban el 1X1, que imponía multas y una cuota a pagar para las radios que colocaran música venezolana solo en las madrugadas, lo cual funcionó por un tiempo, hasta que los dueños de las estaciones de radio simplemente desafiaron las multas, optando por pagarlas.
Si seguimos revisando e indagando sobre la música llanera, encontraremos a más personajes que tuvieron proyecciones más contundentes, y hasta trascendentales en la escena musical y cultural venezolana. Uno de ellos fue el maestro Simón Díaz, desde sus primeras apariciones en televisión como comediante, y después sus primeras colaboraciones con el arpista Hugo Blanco, quien estaba levantando una propuesta musical muy interesante con influencias de géneros como la cumbia colombiana, y la salsa, de lo que derivó el género Orquídea, y otras propuestas bastante interesantes que no pasaron desapercibidas en nuestra historia musical. Y podremos seguir recorriendo este camino histórico hasta llegar a todo lo que hizo Reinaldo Armas, Luis Silva, y pasar por más épocas hasta llegar a lo más reciente de la música llanera, encontrando el mismo problema de fondo..... la asociación cultural de corta visión, por culpa de las imposiciones de la dictadura mencionada y la actitud antinacionalista de los inversionistas del mundo radial.

Juan Vicente Torrealba. Fundador del cojunto criollo Los Torrealberos, después de 1948 aproximadamente
Lo cierto de este asunto, es que tal como expone después Aquiles Báez, todo esto originó el estereotipo del llanero que se hizo popular en todo el país, lo cual explica la fama, y quizás en mi opinión, la predisposición de muchas personas que vivieron las dificultades del régimen mencionado, lo cual pasó de generación en generación calando en el subconsciente colectivo. Y esto se tradujo finalmente en la asociación exclusiva con el término Música Venezolana.
Con una mirada más objetiva del panorama podremos darnos cuenta que no sería la primera vez en el mundo que sucede algo similar, si nos remitimos a lo que sucedió posteriormente al momento histórico de la caída de Hittler, en el que la música de Richard Wagner fue vetada por la comunidad judía, y hoy en día aún sigue causando controversia. No en vano, y a pesar de que si disminuyó después el impulso y apoyo a la música llanera, irónicamente esta se convirtió en uno de los pequeños compendios musicales más comerciales de nuestra cultura.
Como argumentación extra para este punto, la gaita también es uno de los géneros de música venezolana más comerciales, pero no ha tenido el mismo éxito, y a la vez el mismo rechazo de algunas personas que logran hacer mucho ruido en la escena musical (a mi juicio). Y lo mismo pasa con los géneros de las costas centrales y orientales del país, como la parranda y el calipso, que también tuvieron su época de éxito en esta historia.
No quisiera extenderme demasiado en estas argumentaciones, por lo que solo agregaré que en cuanto a las canciones que, por decirlo de alguna manera, se nacionalizaron, simplemente fueron los éxitos de los intérpretes de nuestra música que mejor vendieron sus discos, o los temas que popularizaron los artistas que pertenecían a los géneros comerciales de música venezolana. Y saliendo un poco de esta temática, los temas que pegaron los cantantes que participaron en los movimientos de balada, pop, rock, y música caribeña que se consolidaron en el país.
Y a este punto quiero llegar. Porque mientras todo esto sucedía, los ensambles experimentales empezaron a mostrar la faceta instrumental tradicional de nuestra música, como el caso de Venezuela 4, con los maestros Carlos Soto en el contrabajo, Carlos Laguna con el cuatro, las guitarras de Luis Laguna y Henry Martínez de quién podemos decir que es un prolífico compositor que le dió una nueva cara al merengue venezolano en ese entonces, y el maestro Eliézer Guzmán con la mandolina. Siguiendo esta misma linea salió el Grupo Raíces de Venezuela con el que muchos consideramos que marcaron un antes y un después en este movimiento de los ensambles experimentales de este compendio musical venezolano.
Y así podemos seguir mencionando a todos los ensambles que surgieron en este camino hasta llegar al famoso Ensamble Gurrufío, y todo lo que ha ocurrido desde entonces musicalmente hablando bajo su influencia, además de todos las agrupaciones de música afrovenezolana que aparecieron, como Tambor Urbano, una de las más comerciales de ese renglón. Si bien todas estas agrupaciones tuvieron aceptación y un buen público, no alcanzaron a las masas como sucedió con los géneros comerciales mencionados. Y aquí también debemos meter a todos los ensambles y demás agrupaciones de la actualidad, las propuestas de fusión venezolana como el caso de Rafael Pollo Brito, de quién podríamos decir que es el único que navega entre las dos aguas, entre el movimiento de los ensambles, de donde realmente vino, y la música comercial como la gaita y su propuesta de fusión venezolana.
Y quizás fuese bueno incluir en este mismo grupo de realidades paralelas, a los cultores y a las agrupaciones de música folklórica y autóctona, como Los Golperos del Tocuyo, Carota Ñema y Tajá, y muchos otros más, pero quién haya escuchado a estos artistas sabe que el corazón de su música es el trabajo de cultivar el acervo cultural, por lo que el tema de vender para proyectar más no aplicaría aquí, y nos estaríamos saliendo del tema de este debate. El punto que quisiera poder mostrarles es que esta asociación cultural tan limitada, que muchas personas comenzaron a desarrollar sobre el concepto de la música venezolana, se dio por un par de factores muy determinantes. Un factor emocional, y uno de aptitud. Voy a explicarme.
Del primer factor no hay mucho que disertar, porque gran parte de esto fue argumentado en las líneas de arriba, y solo tengo que decir que nosotros como venezolanos tenemos que buscar desde ahora la manera de sanar todas las heridas que tengamos en el corazón, tanto las que nos hayan hecho en esta actualidad, donde estamos pasando por muchas pruebas como seres humanos, como las heridas que hayamos podido heredar de nuestros antepasados (porque esas cosas también se heredan), y así dejar nuestra alma libre para seguir progresando como individuos que trabajan primero por sí mismos, para luego hacerlo por un país. Solo así nada nos impedirá defender nuestra identidad cultural, tal como lo hacen los ciudadanos de otros países.
Lo segundo que está pasando es el mismo problema que vienen enfrentando muchos géneros musicales en el mundo, en el cual se nos plantea la necesidad de aprender mejores herramientas para nuestra proyección. Herramientas que estén al día con el acontecer nacional y mundial, para terminar de hacer completamente el trabajo de enamorar al público de toda nuestra música venezolana. Debemos darnos cuenta de que ya el trabajo de difusión se ha hecho, y de forma excepcional. Hoy en día se sigue difundiendo y promoviendo nuestra música venezolana, y ahora mucho más con la diáspora venezolana vista en muchos rincones del mundo, por lo que se puede ver sobreentendido que esto no es cuestión de más difusión y promoción de la que se ha hecho, sino de cambiar de fórmula y probar otro plan.
Propuestas
Muchos de nosotros somos músicos buenos en lo que hacemos, y hasta algunos tienen el reconocimiento de este gremio, pero mientras pasamos la vida entera estudiando música solamente, descuidamos otras cosas importantes, como estudiar nuestras habilidades en ventas. O lo que es peor, nunca se nos ocurre pensar en nosotros como en un producto musical, que puede y debe ser vendido. En los tiempos de antaño los que querían tener contacto con los elementos de nuestra música, sobre todo en las serenatas o en las retretas musicales se les les trataba de bohemios, ya que muchos hasta iban a tocar por las bebidas espirituosas que se les daba a los músicos. Y quizás esto influyó para que no se nos tomara en serio por mucho tiempo. Además las condiciones de muchas manifestaciones tradicionales dependían de la enseñanza oral, por lo que no había cómo registrar tanta información valiosa para nuestra cultura.
Hoy en día la realidad es otra. No solo tenemos mejor información gracias en parte a la tecnología, sino que también la mayoría de los músicos de estas últimas generaciones hemos crecido con una mentalidad mas madura, en el sentido de tomar esto como un trabajo serio. Pero insisto, si nos abrimos a aprender a vender, tomando nuestras propuestas musicales como productos a ofrecer, las cosas pueden cambiar radicalmente para mejor, y el público tomará más en serio nuestro trabajo con la música venezolana.
Quizás esa sea la razón por la que la gente conoce más a un Reinaldo Armas, que a un Otilio Galíndez, a una Scarlett Linares que a una Maria Teresa Chacín. Quizás sea la razón por la que cuando les preguntamos a las personas por canciones, solo nos mencionan títulos como Caballo viejo, Venezuela, En carne viva, y si están aprendiendo a tocar el cuatro, entonces hablan de Compadre Pancho, Luna de Margarita (con 4 acordes nada más), teniendo nosotros tanta música en nuestro territorio nacional........ Solo es una posibilidad. Aún debemos seguir considerando la primera variable comentada, que es la predisposición del público heredada de nuestros abuelos que vivieron la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Todo lo que se puede afirmar es que aún seguimos trabajando con las mismas fórmulas, y que si no experimentamos ahora, jamás podremos aprender, y mucho menos aspirar a un cambio.
Mientras algún día la conciencia de cambios termina de salir de su cascarón, les compartiré cuales son mis sueños en relación a esta realidad que hay que cambiar. Sueño con una Venezuela en la que en algún momento todos superemos nuestros complejos históricos que, por ciertas razones, nos impiden sentirnos orgullosos de lo que somos, y que nos hacen negar nuestra identidad cultural, la verdadera identidad cultural que nos acompañó desde que se conocieron el indio, el negro y el blanco, creando nuevos colores de mestizaje, y no la identidad que salió de repente desde que los nietos de los mestizos conocieron al reguetón, por medio de los artistas venezolanos que empezaron a incursionar en ese género (muchos son bastante buenos), y que por eso y muchos ejemplos más se tiende a confundir la música hecha en Venezuela con el arte que compone nuestro compendio musical venezolano, el cual podemos dividir en tres elementos o fenómenos acústicos descubiertos por nosotros, melodía, armonía y ritmo.
Sueño con una Venezuela en la que uno pueda preguntarle a cualquier persona común en la calle por sus canciones favoritas de música venezolana, y que nos puedan decir con propiedad y espontaneidad nuevos títulos como el tema de onda nueva Amalgamados de Héctor Molina, el merengue Mi Pequeña de Aquiles Báez, el tema de ritmo orquídea Canta y Toca de Henry Linárez. Y que de la música llanera en la escena musical se puedan posicionar voces como las de Alí Cabello, Jeannette Osal, y Yosmar Cabrera, que no solo es un gran cantante sino un gran cuatrista que ha aportado mucho al lenguaje de la música llanera.
Sueño con una Venezuela en la que en cada presentación musical o en nuestras salidas a eventos privados, en lugar de pedirnos con demasiada frecuencia temas que tenemos más de 20 años tocándolos, y de la misma manera, que nos puedan exigir estar al día con el acontecer musical de este compendio tradicional tan enriquecido, y así sentir la adrenalina y la emoción de vivir una aventura nueva, como cuando estábamos aprendiendo a tocar montándonos con nuestros queridos estándares venezolanos, y así con cada aprendizaje sentir que de verdad hoy somos mejores que ayer. Y que seamos los mismos músicos, los que inspiremos estas ganas de conectarnos con el presente de nuestra diversidad cultural musical. Sueño con una Venezuela en la que no exista ni una persona que no sepa que el mismo maestro mencionado en el desarrollo de este artículo, Henry Martínez, guitarrista de Venezuela 4, y el que reinventó la armonía del merengue venezolano, tiene más de 200 canciones en su haber (entre canciones de géneros tradicionales venezolanos, y géneros internacionales), y que muchas de ellas las cantan personajes internacionales como Marc Anthony con la canción De Qué Depende, y Jerry Rivera con Porque Tú.
No se trata de deshacernos de nuestros estándares venezolanos que tanto nos aportaron, y quedarnos solamente con los nuevos trabajos que se están haciendo en este compendio musical, sino de empoderarnos de todo lo que está ganando nuestro lenguaje musical venezolano, y que lamentablemente está pasando desapercibido, precisamente porque la mayoría de nosotros permanece indiferente ante la existencia de esta extensa diversidad de géneros, estilos, y vertientes en constante crecimiento que yacen en esta cosa tan mágica llamada Música Venezolana
¡Saludos!
Créditos
- La foto de la portada viene de IAMVenezuela, y fue editada por @juanmanuellopez1.
- Los banners y separadores fueron creados también por @juanmanuellopez1.
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