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“Un día en la vida de un venezolano más"
Es un día normal en la vida de Jesús Pérez, de 35 años de edad, de profesión electricista y cabeza de familia; se levanta como todos los días a las 5:00 am en su humilde residencia alquilada en Petare (Caracas –Venezuela), no tiene trabajo, pues la empresa en la que laboró en los últimos 5 años cerró sus puertas, vive con su esposa Sofía, quien por estar muy quebrantada de salud, no puede ayudarlo en los quehaceres del hogar, por lo que Jesús tiene que hacer el desayuno y preparar a los muchachos para ir a la escuela; ellos son sus hijas, Elena y María, de 5 y 7 añitos de edad respectivamente.
Luego de ese agitado comienzo de faena, Jesús logra estar desocupado para seguir buscando empleo caminando por las calles de la ciudad, visitando varios establecimientos comerciales, los pocos que quedan abiertos, y llamando a uno que otros amigo por teléfono desde cualquier caseta pública o centro de comunicaciones, en los cuales se evidencia cada vez más la poca concurrencia por falta de usuarios o simplemente por no contar a veces con el servicio telefónico; en uno de estos sitios, el ya desesperado hombre logra comunicarse con la casa de un viejo compañero de labores en el interior del país, recibiendo la noticia de que su amigo Juan López, mentor de Jesús en el trabajo de electricista, se había ido del País hace un mes, era la tercera persona a la que acudía en busca de ayuda, que ya no se encontraba en Venezuela.
A Jesús ya se le fue la mañana, y debe regresar a su hogar a cuidar a Sofía, quien sufre un cuadro delicado de diabetes con problemas en las extremidades inferiores que le impide caminar, situación que cada vez empeora por la falta de medicinas y lo costoso del tratamiento, ninguno de los dos tiene teléfono celular, ya que han sido víctimas del hampa en par de oportunidades y no tienen cómo comprarse nuevos teléfonos móviles, prefieren tomar el poco dinero que poseen, producto de los eventuales trabajitos de Jesús, para comprar comida y mantener a sus muchachas.
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Son las 12:30 pm, Jesús y Sofía toman un vaso con agua, no tiene nada de comer ese día, y solo un kilo y medio de Yuca, una masa de harina de maíz y un poco de queso blanco duro, es lo que hay en su pequeña nevera, han pasado así las últimas dos semanas, sus familiares más cercanos, parientes de Sofía, se mudaron de la capital hacia los llanos, su lugar de origen, y por eso ya no cuentan con nadie que los pueda ayudar en momentos como este.
Elena y María salen de la escuela y son esperadas en la puerta por su padre Jesús, quien trata de cambiar su cara de sufrimiento sonriendo y dándoles la bendición a sus niñas, quienes sin saber lo que ocurre siguen llevando, en lo que cabe, una vida normal de niños, a pesar que su tal vez ya iniciado raciocinio les indica de que algo no está bien, pero igual brincan, saltan y ríen de la mano de su padre de vuelta a casa, con ganas de abrazar a su madre, quien postrada en su silla de ruedas, los espera con ansias para tenerlos entre sus brazos igualmente.
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Quebrantado Jesús logra preparar un almuerzo modesto a sus hijas, quienes sentaditas rezan en la mesa antes de comer el preciado pan de cada día, cuando de repente tocan a la puerta de la pequeña pieza habitada por la familia, la mujer se sobresalta, mientras que un Jesús ansioso por imaginarse que puede tratarse de trabajo, corre a abrir inmediatamente; se trata de la policía, quienes quieres hablar con los dueños de la casa por andar investigando un crimen de violación, ocurrido a pocos metros de la escuela de los niñas, a Jesús le vuelve a cambiar la cara y no es para menos, solo queda colaborar con los funcionarios quienes brevemente se marchan luego de ser contestadas las preguntas correspondientes.
El padre de familia se siente agobiado, son muchos problemas juntos y su juventud se adormece ante tanta adversidad, su grado de responsabilidad es muy alto y trata de estar a la altura, pero las circunstancias son más grandes que su convicción de salir adelante.
Son las 6:30 pm, Jesús carga a Sofía para que descanse junto a él en el sofá de la sala, enciende la T.V para tratar de distraerse un rato pero su mente está en que le va a dar de comer a las niñas, se acerca la hora de la cena, cuando de forma repentina se va la luz justo cuando comenzaba su programa favorito, no podría ser peor, es algo inimaginable pero ya es rutina en la vida del Venezolano, tanta desidia, tanta miseria y maldad juntas rondan por la vida de esta familia, que de seguro no son las únicas víctimas de esto.
Al cabo de 3 horas la luz regresa, unas niñas ya cansadas de jugar y hacer la tareas a oscuras, con una vela encendida sobre una tabla de madera, yacen dormidas en los brazo de su madre, y un incontrolable Jesús solo camina y se asoma por la ventana, como buscando en la oscuridad, la luz que le hace falta para tomar una decisión, la decisión más vil y amarga de toda su vida.
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Sin sueño, el hombre en busca de prolongar las horas despierto solo para pensar y analizar, enciende de nuevo la TV, es la hora del noticiero estelar y espera, entre tantas cosas, poder recibir noticias positivas, dentro de un torbellino de política barata, ingobernabilidad y mentiras, todavía se esperanza en que la providencia del cambio logre dar un giro a las condiciones externas que se escapan de las manos de cualquier ciudadano, y más de las de un Jesús, que ya no sabe qué hacer.
El noticiero es interrumpido por una cadena nacional de radio y televisión, en donde el presidente de la República en alocución oficial, anuncia el tercer aumento de salario en lo que va de año, Esto no puede ser! Exclama Jesús, por impericia propia de cualquier ciudadano común de este país, que ha recibido empíricamente una lección de economía simple en los últimos años, ya sabe lo que le espera, a diferencia de alegrarse, solo se persigna y reza para que mañana le alcance lo poco que tiene para comprar los artículos de primera necesidad, que de seguro amanecerán inflados de precio, QUE LOCURA! Parece ser la frase que retumba por todo el bloque por donde vive Jesús, esto sólo lo acelera a tomar la decisión que tanto lo desvela.
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A Jesús Pérez solo le queda apagar la televisión con un sentimiento de rabia y miedo a la vez, se dispone a bañarse a pesar de haber recibido ese balde de agua de fría, que solo le indica que esa misma noche debe decidir, solo un tobo de agua está disponible para medio asearse, porque el servicio del vital líquido de la comunidad, está cortado desde hace meses, ya está acostumbrado, se sienta en su cama y mira a sus hijas, mira a su esposa, y toma un calendario que tiene un mapamundi como ilustración, fijando su atención principalmente en la parte de los países de Suramérica, está listo para decidir.
Continuará.
Los hechos y personajes de esta historia son totalmente ficticios, solo son extraídos y basados en las múltiples historia similares que se ven a diario en nuestro país, plasmando de manera sobria y cruda a la vez, la realidad de un venezolano más y su familia.
Quiero decirles que tanto escribir, como leer esta historia es un poco duro para cualquiera, entendiendo completamente la situación que vive el país, y sé que historias como esta pudieran ser vividas de cerca por cualquiera de nosotros, por eso invito a mis lectores a centrarse en la esencia literaria del escrito, en la narrativa y en la escritura, mucha más que en el tema, para poder así seguir disfrutando de Steemit positivamente, y esperanzándonos en que tarde o temprano, podremos contar historia totalmente contrarias a esta, muchas gracias por la comprensión y por leerme hasta aquí, se les quiere!
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