De esas conversaciones amenas, fluídas y tan llenas de espontaneidad que te inspiran y te llevan a publicar cosas como estas, agradezco a esos no se quien y no se cuántos que la memoria no me trajo en este momento, mas me inspiraron a llevar esta locura hasta este límite, disfruten.
¡Qué desgracia, qué desdicha para mi!
Si para la comida no tengo queso.
Y si no tienes queso, la comida no sabe igual.
Producto del néctar de la consorte del toro.
O de la hembra del macho cabrío.
Sin eso la Musa no llega.
Calíope me abandona.
Solo pienso como un tonto en mi soledad.
¡Plátano horneado con queso!
Pasticho o lasagna qué fuese de este manjar sin él.
Y cuántos platos más no engalana que me vengan a mi pensar (o a mi pesar).
Aunque el queso que tengo por ti es invaluable.
¿Qué he dicho? ¿Por mi o para ti?
Es por quien quiera de mi queso.
¿Y quién se ha robado mi queso?.
Pues el ratón no fue.
¿Y por qué fue eso?.
¿Por ti, por tu casa, por lo que sea?.
¿Tener hambre o solo queso?.
¿Pura hambre de queso?.
¿O sólo queso del hambre?.
¿Acaso queso por mi?.
Sí, tengo hambre, ¿es tan obvio decir?.
Pensando ando qué comer.
¿Qué hacer para matar el queso?.
¿Ah?
¿O queso para matar el hambre?.
Me he liado.
Y repetitivo estoy en este momento.
Me vuelvo un 8 por el queso que no tengo.
Y con hambre no entiendo nada bien.
¡Qué envidia siento a cualquiera que lo disfrute en su mesa!.
Una contradicción, una paradoja, una mera confusión.
En mi dilema seguiré y no sé cómo continuaré.
¡Buen apetito les deseo y disfruten su delicia láctea!
Fuentes: Imagen de cabecera, Separadores
No me queda más que agradecerles...
Nos leemos.