Siempre estoy observando e imaginando. En las paredes, en el piso, en las nubes...
En la terraza de mi casa me encanta estar; se los he comentado en más de una ocasión. El suelo de ella es verde, es un manto delicado que debemos cuidar y con tacones altos no debemos pisar. Cuando llueve se va secando poco a poco y es el momento oportuno para salir a cazar. Me divierto observando los animales por todos lados. Siempre tratan de esconderse y desapercibidos poder pasar. La mayoría de las veces lo logran pues las personas distraídas van. Pero mis ojos son muy curiosos y no los dejan así escapar. Al menos una toma con lente les hago y para siempre su recuerdo queda enmarcado.
A continuación les dejo las dos fotos referidas:
Tal vez ustedes ya vieron a la familia de cocodrilos, la madre y los dos chiquillos, que apresurados escapan de una mano muy huesuda, que con uñas puntiagudas los pretende atrapar. La madre camina al frente, liderando la escapada y los pequeños la siguen sin mucha preocupación. El primero mira al cielo y observa como las nubes le regalan caramelos. El otro mira hacia abajo, pues nunca se había subido a las ramas de un gran árbol. Casi olvidaba contarles de un pequeño dimosaurio que a la izquierda de la escena sonriendo está observando.
La segunda es la que que veo con los ojos de mi mente, la que siempre se imagina en un mundo diferente.
Si quieren verlas mejor, se las pongo lado a lado para que todo detalle puedan ustedes captar y de pronto encuentran uno que yo no supe apreciar:
En esa misma ocasión, otras criaturas miré, pero se las mostraré en una próxima entrega.