¡Hola, querido lector!
Déjame contarte un poco de mi esencia...
Hoy entendí que muchas de las veces que grité, ofendí, lastimé, etc., en realidad no decía nada: era mi dolor, ira y todas mis heridas las que hablaban; me sentía abandonada, sola, y utilizada...
Cuando encontré que era éste mi sentimiento, fue cuando logré entenderlo.
Mi adolescencia fue tenaz: fui rebelde y siempre quería huir de mi casa; el problema no era la casa ni las personas que allí habitaban, era lo que yo llevaba en mí.
Crecer sintiéndose abandonada no es nada fácil, porque cuando menos lo esperaba salían mis monstruos (así los he llamado) y me dejaban sin aire, gritaba, pero en realidad no decía nada, era solo frustración y desespero.
Tuvieron que pasar muchos años para comprender que a quien debía escuchar era A MÍ MISMA: debía satisfacer mis necesidades, dejar de hacer cosas para otros, cosa que muchas veces no quería hacer...
Sentarme y dedicarme tiempo a mi propio ser, perdonarme por dejarme siempre de segundas, terceras y muchas veces ser la última en la fila, solo para no parecer ventajosa; dejar de verme como egoísta, cuando solo estaba dando mi opinión.
Así y muchas cosas más... Dejar de llorar sola, solo para que no vieran que algo estaba mal.
Hoy pienso en que ha sido un largo camino de la mano de muchas personas. Ya sé que no soy egoísta (esta nunca ha sido mi esencia) sino que más bien me he fortalecido; esto igual no significa que no me defraude o no me entristezca, lo que me gusta es que he podido aceptar las cosas que no me gustan de mí, he sabido decir adiós cuando no me quieren a su lado, he luchado por mí, me veo en el espejo y reconozco mis cualidades sin parecer creída, no lo hago desde el ego, lo hago desde el amor que siento por mí.
Hoy soy mi mejor amiga y sigo en lucha por serlo. Es un recorrido de altibajos, así es que hoy estoy aquí, viendo cómo crece mi bebé dentro de mí; él o ella es mi regalo, es la satisfacción más grande, ya le puedo enseñar lo que es el amor...