Venezuela es un país hermoso, tiene una hermosa diversidad de paisajes. Es cierto que no conozco otros países, pero estoy segura que mi playa favorita está aquí: Choroní. La comida aquí es deliciosa, mi gente es muy creativa al momento de cocinar. Las arepas y su variedad de rellenos ponen a alucinar a cualquiera, el pabellón, que es mi plato venezolano favorito, sin duda. Las empanadas... Las empanadas merecen un post completo, pero bueno. Las cachapas, la hallaca, el queso llanero, las tajadas... La comida en este país es otra cosa. También tenemos nuestro humor, aquí me incluyo, todos los venezolanos -o al menos la mayoría- tenemos un humor muy particular, somos personas divertidas aun en la adversidad. Siempre le encontramos un chiste a todo, la parte graciosa, la parte divertida. Muchos dicen que ese ha sido nuestro error, pero es que aquí aplica mucho el dicho: "Reír para no llorar".
Eso son solo algunas de las cosas buenas que yo podría decir de mi país, hay muchas más, sé que aun las hay. Pero también hay cosas negativas. No es mentira para nadie que Venezuela no está en su mejor momento. Para los venezolanos todo esto ha sido muy duro, no estamos acostumbrados a vivir así, como dije más arriba, el venezolano siempre ha sido una persona alegre, con ganas de "rumbear", "echar vaina" y compartir con la familia y amigos, hacer comidas en cantidad y celebrar con los vecinos cualquier acontecimiento por más insignificante que sea.
Eso ha cambiado para nosotros. Ahorita al salir a la calle solo se puede observar a un venezolano angustiado, estresado, preocupado. Un venezolano que hace todo lo posible por llevar comida a casa y sacar adelante a su familia. Un venezolano que aun busca darse algunos "lujos" de vez en cuando y cuando hablo de lujos me refiero a comprarse un chocolate, un café con leche, salir un día al cine con la familia o beberse algo con los panas un fin de semana. Sí, sé que para las personas de otros países quizás esto les parezca algo muy básico, pero créanme, en mi país esto se ha vuelto complicado y sé que muchaos al igual que yo, valoran mucho estos pequeños "lujos".
Aquí también entra otra realidad, la parte de Venezuela que está regada por el mundo. Todos esos venezolanos que se han ido en busca de un mejor futuro para ellos y sus familias. Esos venezolanos que se fueron no porque querían sino porque no había de otra, porque esa era la única alternativa que ellos encontraron para ayudarse y ayudar a los suyos. Esto ha dejado a quienes aun estamos aquí un poco más vacíos y preocupados. Hay familias fracturadas, familias que anhelan encontrarse y amigos que sueñan con salir aunque sea una vez más todos juntos a una fiesta.
Si me preguntan si es posible ser optimista en Venezuela diría que sí. Para mí sí. Es que en Venezuela no hay otra opción, por obligación debemos ser optimistas. Debemos creer que vienen tiempos mejores para nosotros. Debemos creer que podremos salir de todo esto... Creer que todos nos vamos a reencontrar, que volverán los tiempos donde nuestra preocupación más grande era que plan haríamos para el fin de semana o en casa de quien íbamos a pasar las navidades. Yo aun creo en mi gente, en el buen venezolano, en el que trabaja y lucha día tras días. Aun creo en mi país, creo en mi país porque sé, muy en el fondo, que estaremos mejor. Saldremos de esta. Soy optimista, me mantengo optimista porque quiero creer que si se puede, pienso en todo lo bueno que tiene el venezolano y sé que esto pasara. ¡Merecemos más! ¡Venezuela merece más!
¿Y tú? ¿Aún te mantienes optimista? Te invito a contestar esta pregunta en los comentarios.
¡Muchas gracias por leerme!