El modernismo brasileño surge en 1922 con la llamada Semana de Arte Moderno, un acontecimiento cultural considerado el punto de arranque de esta explosión literaria que buscaba implantar en el país las innovaciones vanguardistas de Europa. Con este movimiento literario, dividido en dos fases, aparecen los poetas y románticos más prolíficos de toda la historia de la literatura brasileña. Los primeros poetas, integrantes de la generación del 22 (primera fase), serán reconocidos por el uso de un lenguaje coloquial y crítico. Mientras que los poetas de la generación del 30, herederos de los elementos antes mencionados, tendrán mayor libertad expresionista y, por tanto, una mayor tendencia a una poesía social que intenta alejarse del academicismo. A esta última generación pertenece Carlos Drummond de Andrade, uno de los poetas más representativos de la literatura brasileña.
Drumond de Andrade nace el 31 de octubre de 1902 en la ciudad de Itabira, en el estado brasileño de Minas Gerais. Fallece el 17 de agosto de 1987 en la ciudad de Río de Janeiro, pocos días después de la muerte de su única hija Maria Julieta Drumond de Andrade. Fue poeta, cronista, cuentista, articulista periodístico, profesor de portugués y Ministro de Educación. Editaba, junto con otros escritores, La Revista, una publicación literaria, cuyo objetivo principal era difundir las expresiones del movimiento modernista brasileño.
Su vida poética inicia 8 años después de haberse celebrado la Semana de Arte Moderno (1922). Su obra, que estuvo influenciada por los poetas Oswald de Andrade, Mario de Andrade y Manuel Bandeira, está cargada de un tono irónico, humorístico, amargo y resignado. Asimismo, puede ser clasificada en cuatro fases o momentos. Una primera fase donde predominan la ironía, la brevedad y lo coloquial. Una segunda fase con una poesía más reflexiva y más social, marcada por la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945) y por la dictadura que se vivía en Brasil (1937 – 1945). Una tercera fase que empieza a partir de la década de los 50, cuando inicia la búsqueda de las formulas tradicionales de composición como soneto, recurre a la métrica regular y abandona el carácter experimental propio de su primera fase. Y una cuarta fase que comienza en la década de los 60 cuando, influenciado por su trabajo como cronista, su poesía adquiere un carácter más prosaico, más sentimental, sin más preocupaciones que las innovaciones que caracterizan su obra.
Desde una perspectiva general, los temas de la poesía drummoniana girarán en torno al “yo” retorcido, al individuo, a la tierra natal, la familia, la infancia, la amistad, la admiración hacia otros poetas, el choque social, la propia poesía, el ejercicio lúdico, el formalismo y la exploración e interpretación del mundo. Y en ocasiones, su poesía tomará un tono pesimista como resultado de la desesperanza, la desilusión, la decepción, el desánimo y la tristeza que lo invaden ante la vida, la muerte, el amor e incluso la situación sociopolítica de su país.
En el poema Los hombros soportan el mundo, incluido en Sentimento do mundo (1935-1940), la voz poética deja entrever la desesperanza, la desilusión y el pesimismo que lo invade ante la vida. Dado por sentado que hay un momento en el que las adversidades sobre pasan al hombre y ya no se puede avanzar más:
Llega un tiempo en que no se dice más: Dios mío.
Tiempo de absoluta depuración.
Tiempo en que no se dice más: amor mío.
Porque el amor resultó inútil.
Y los ojos no lloran.
Y las manos tejen apenas el rudo trabajo
y el corazón está seco.
Es un momento en el que a la voz lírica le parece que nada tiene sentido, que todo cuanto haga es inútil.
Aparecen a lo largo del poema palabras como tiempo, depuración, inútil, amor, rudo trabajo, sombra, vejez, guerras, hambres, discusiones, vida, mistificación. Palabras que navegan entre la dureza y la delicadeza, entre situaciones crueles y tiernas. Palabras que Drommond de Andrade usa para expresar lo que la voz poética siente ante ese período en el que dudamos de todo cuánto nos rodea. Ese instante en el que el ser humano es víctima de la soledad, la tristeza, el sufrimiento y el miedo ante la muerte inminente: “En vano las mujeres golpean a la puerta, no abrirás. / Quedaste solo, la luz se apagó / Eres todo certeza, ya no sabes sufrir. / Y nada esperas de tus amigos”; sentimientos a los que se hace alusión y que generan en la voz lírica tanto desconcierto como pesimismo, hasta llegar a un punto muerto donde no hay dolor, no hay miedo, no hay nada. Sólo se está en un tiempo y un espacio esperando lo inevitable, y haciendo lo que se debe hacer por más absurdo que resulte: “Llegó un tiempo en que no se anticipa morir. /Llegó un tiempo en que la vida es una orden. / La vida apenas, sin mistificación”.
Referencias bibliográficas
Alfonso, Rodolfo. 50 poemas escogidos. Carlos Drummond de Andrade. Caracas, Fundación Editorial el perro y la rana, 2009.
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