Preguntas como: ¿Cómo será la tecnología en el año 2100? ¿Viviremos bajo un control total sobre nuestra información? ¿Podremos realizar un viaje interestelar? ¿Colonizaremos algún planeta? Siempre se desarrollan en la mente de estos autores, bien sea en el ambiente literario o en el cinematográfico en donde tiene un lugar especial en la cultura popular, y es por esto que no me es difícil imaginar a un niño o adolescente que haya crecido leyendo literatura de ciencia ficción convertirse finalmente en un científico como son los casos de Neil deGrasse Tyson y Michio Kaku, grandes divulgadores científicos.
La influencia de la ciencia ficción en la cultura popular es latente, términos como ciberespacio o realidad virtual fueron usados por primera vez en la obra de William Gibson, “Neuromante” y que ahora son ampliamente utilizados por cualquiera así como la influencia de películas como “Alien”, “Terminator” o “The matrix”, son parte ya de nuestro bagaje cultural.
Este género tanto literario como cinematográfico es un ejercicio mental que nos abre las puertas hacia un mundo desconocido pero con un previo análisis científico, dejando por supuesto margen a la especulación y esto puede exhortar a muchas personas a convertir algo producto de una mente creativa, en realidad. Esto no es una mera opinión personal sino más bien algo que se ve frecuentemente desde los inicios del género con “De la Tierra a la Luna”, de Julio Verne que motivó a científicos e ingenieros a dar ese gran paso, Aldous Huxley describió en su novela “Un mundo Feliz” el uso de antidepresivos, George Orwell nos narró un futuro distópico en donde la tecnología sería usada por un estado totalitario para mantener una vigilancia constante hacia sus ciudadanos, cosa que se está viendo en muchos países con la excusa de preservar la seguridad nacional.
En la serie favorita de muchos, Star Trek, se veía el uso de un artefacto llamado “Kirk” muy parecido a un celular y que fue fuente de inspiración para su posterior desarrollo, mientras que la novela apocalíptica de H.G Wells “The World Set Free”, sirvió de inspiración para la creación de la bomba nuclear.
No es difícil observar que todos estos autores basaron sus “predicciones” bajo un contexto presente, pero siempre especulando sobre cómo se desarrollaría. Un interesante punto a acotar sobre las predicciones fue la creación de una ciencia ficticia en la saga “Fundación” de Isaac Asimov llamada psicohistoria, en donde todos los eventos futuros eran analizados a través de complejos cálculos matemáticos para realizar una predicción a escala global, quien sabe si en un futuro podamos diseñar semejantes cálculos.
Viendo todo esto, no es difícil concluir que la ciencia ficción brinda un gran aporte para el desarrollo científico y es una fuente de inspiración para innovaciones futuras, así como también una advertencia para futuros peligros que pueda afrontar la humanidad debido al mal uso de la tecnología. Bien dicha fue la siguiente cita de Asimov: “El más triste aspecto de la vida ahora mismo es que la ciencia alcanza el conocimiento más rápido que la sociedad alcanza la sabiduría”, dejándonos entrever que hay una grave falta en cuanto a la alfabetización científica que debemos superar.
Viajes interestelares, teletransportación, viajes en el tiempo y demás, quizás en un futuro ya no sean solo parte de la cultura CI-FI sino que sean un hecho, gracias a la influencia que todos estos autores han ejercido, solo es cuestión de tiempo y motivación para que podamos como especie trascender y hacer lo inimaginable en realidad.