En el pasado 2017 se decretaron 6 nuevos aumentos salariales en el país, el ultimo que anunciado el 31 de diciembre del pasado año quedando de la siguiente manera: 248.510 bolívares más el bono alimenticio en 549.000 dando como resultado total 797.510 bolívares y lo que equivale en dólares a 6,47. La pregunta es: ¿Se puede vivir así?
El salario mínimo paso de 40.638,15 a 797.510 en cuestión de un año, reflejando así las medidas desesperadas del gobierno venezolano por ocultar la crisis y la inflación vivida en susodicho país y si bien los números se ven grandes, no tienen mayor utilidad que comprarse dos cartones de huevos y quizás con suerte medio kilo de jamón ubicado en 500.000 Bs. el kilo.
Siempre he pensado que estos aumentos salariales son una señal de alarma, puesto que el sector privado se ve obligado a inflar los precios más de lo que ya están inflados, nunca pudiendo así el venezolano común alcanzar la canasta básica. Esto es solo una medida populista e ilusoria para maquillar la realidad que se está viviendo, que muchos de nosotros detectamos rápidamente yendo al supermercado.
Venezuela no necesita aumentos salariales sino producción interna, inversión tanto nacional como extranjera, Venezuela no necesita más impresión de billetes porque el papel con que están hechos vale más que su valor en sí mismo, no veo motivo (ni muchos lo verán) de alegría con este aumento sino más bien de desdicha porque sé que todo volverá a aumentar como lo ha venido haciendo cíclicamente durante los últimos años y peor aún con la mala gestión de este gobierno que ha propiciado el cierre de cientos de empresas y compañías que no se pueden sustentar por la imparable hiperinflación en que se vive en este país.