Ayer soñé que Argentina llegaba a la final del Mundial de fútbol Rusia 2018. Del otro lado estaba Uruguay. La siempre temible garra charrúa. Partido trabadísimo, muy disputado en el centro de la cancha, con mucho nerviosismo. Sin goles. Bah. Sin goles hasta el minuto 88, cuando llega un centro llovido desde el costado derecho, y Luis Suárez se eleva dos cabezas más que el resto, y mete un frentazo que pica en el suelo y entra abajo a un palo. Gol celeste y mundial celeste.
Juro que no soy muy hincha de fútbol desde hace años, pero me desperté agitado y lleno de angustia.
Imagen: Jimmy Baikovicius