Amada mía:
Esta mañana comencé a sentir más que nunca que, nuestro hogar delata tú ausencia. Te imagino cada mañana acariciando mi mejilla -diciéndome- ¡ya amaneció! Y yo, soñoliento me levanto hacerte el café que tanto te gusta, sonríes y -dices- ¡te amo! ¡ya es hora de levantar a Luisito!
Los días no son los mismos sin la sonrisa que esparcías en nosotros con cada gesto de locura que le ponías a nuestras mañanas, mientras hacías arepas con forma de caritas o animalitos para que los tres nos las comiéramos felices y hacer de esos encuentros matutinos, un momento único y la aventura mágica de este trio familiar.
Me sequé las lágrimas y busqué nuestras fotos, necesitaba acariciar la imagen de tu rostro y tu cuerpo unido al mío ¡a nosotros! Rememorar cada instante que hemos vivido juntos, latiendo a un mismo ritmo, tejiendo nuestro propio universo.
Así llegó a mí, la foto de nuestro primer encuentro. Esa primera vez, en que nuestros caminos se entrelazaron aquella tarde de abril, gracias a nuestro amigo en común, Robert. Él sin saberlo, había unido cielo y mar, haciéndonos un mismo horizonte.
Recuerdo que llevabas un vestido de flores de tonos verdes y rojos, que definían a la perfección tus caderas, delineaban tus piernas e iluminaban tu rostro. Me preguntaba ¿será real o solo la fantasía de este hombre solitario? Tu sola presencia me produjo ternura y un calor inevitable que se delató en el color rojizo de mis orejas. Tú, me miraste, sonreíste y acariciaste mi mejilla. Y así ese gesto de ímpetu, me sedujo, y me sentí alegre, porque yo, no te era indiferente.
Aceptaste de inmediato que nuestros espíritus se habían comunicado en la picardía y en la complicidad de dos amantes que sólo deseaban componer su soneto de amor. Desde ese momento, te confieso, amada mía, mis días y mis noches sólo soñaban con tenerte a mi lado.
Paso a paso fuimos cultivando nuestro jardín, mirándonos como un uno y como un otro que se respetaban en la diferencia
El día en que te despedimos en el aeropuerto internacional de Maiquetía (Caracas), nuestros corazones tuvieron que separarse. Luisito y yo, te mirábamos desde la vitrina mientras arribabas tu vuelo. ese día entendí, que no sólo la muerte te separa de un ser amado. Hay otras despedidas que son tan dolorosas como la muerte, y te hacen recordar que la ausencia es ¡jodida! Ese día nuestro hijo lloró tanto, que cayó profundo de sueño.
Hoy me pregunto ¿este esfuerzo de estar tan lejos de ti, de nosotros, valdrá la pena? Observo a mi alrededor, y aunque te extraño inmensamente, sé que esta decisión fue por nuestro hijo ¡Él está alimentándose como debe ser! Su bienestar siempre fue nuestra prioridad y felicidad.
Él nació de este amor que nos tenemos y hemos construido juntos. Él es nuestro ahora, el presente de nuestras luchas y su rostro nos guía. Gracias a él, permanecemos unidos y fuertes ¡Sabemos que volveremos a nuestros días con olor a ti!
Nota: esta carta está dedicada a todas las mamás y a mis amigas que han tenido que partir a tierras lejanas para poder darles sustentos a sus hijas e hijos y a aquellos papás que también los cuidan en su ausencia.
Los textos e imágenes fotográficas son de mi autoría (Maryori Cabrita
)
👉 puedes seguirme, votar y comentar mi blog y mis cuentas personales como: Instagram@macabritafotoarte, https://macabritafotoarte.imgur.com o Facebook como Maryori Cabrita. ¡Hasta la próxima amigxs! 🖐📷