Muchas veces como adultos, nos sentimos ofuscados de tantas cosas, las responsabilidades nos llenan el día a día y hay momentos en el que quisiéramos desaparecer o olvidarnos de todo, pero cuando llega ese momento, yo me refugio en mi mundo particular, ese que solo esta lleno de la buena vibra que emanan mis hijos, ese que me dice en silencio, no temas y sigue adelante, ese que con risas cargan mi corazón de alegría y vuelvo a comenzar, con nuevas fuerzas y con las ganas de luchar por llenarles sus días de alegría y enseñanzas.
Los niños están llenos de inocencia y por eso viven su mundo, en el todo es divertido y está lleno de colores y alegría, claro esta que todo va a depender de su entorno, sin embargo ellos tienen la habilidad de crear una barrera y sumergirse en lo que para ellos es su refugio. Pues bien, para mi el refugio perfecto ante el agobiante mundo son mis hijos, ellos me llenan de su energía pura y aunque a veces me la acaban, se suele regenerar al escuchar sus risas o al ver sus locuras, no hay emoción más grande que vivir por un instante en su mundo y sentir que se es niño de nuevo.
"En el mundo de los niños los adultos son sus héroes, mientras que en el mundo de los adultos, los niños son nuestros heroes"
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