EL SONIDO de las orugas de un tanque estremeció la calle donde Cory estaba arrodillado. Un par de soldados corrieron hacia él, uno de ellos llevaba un lanzador al hombro.
—¿Te encuentras bien? —preguntó uno de ellos.
Cory asentía con la cabeza, pues aún estaba aturdido y no terminaba de creer la suerte que tenía de estar vivo.
—Somos la décimo octava división, patrulla S-OBER, de los aliados. Estas algo lejos de tu batallón amigo. Casi te mata ese tipo. Escuchamos sus gritos cuando entramos por aquella calle. Cuando te disparó a los pies, supimos donde apuntar el mortero.
Todo un grupo de soldados aliados apareció entonces. Primero el tanque, acompañado de varios oficiales con fusiles, luego un vehículo que se detuvo justo frente los escombros dejados por la explosión del mortero.
—¡Necesita un médico! —gritó el aliado al ver la mano ensangrentada de Cory.
Un doctor se apresuró a ayudarlo, para eso lo ubicaron a un lado lejos de la vía principal por donde pasaría el tanque en su recorrido. Del vehículo estacionado se bajó un oficial de rango, un sargento. Su porte reflejaba seguridad y arrogancia, era de los sujetos que creen que pueden juzgar, condenar y ejecutar juicio al mismo tiempo. Observó los edificios cercanos con una sonrisa maliciosa en su rostro, luego caminó hasta donde estaba el herido, y despues de mirarlo por algunos segundos dijo bruscamente:
—¡Rápido doctor! El herido tiene que poder seguirnos a pie, o me veré forzado a dejarlo en esta pocilga.
Parecía que le daba placer hablar así. Cory lo miró fijamente por unos instantes y comenzó a dudar sobre si en verdad estaba siendo rescatado o si algo malo le aguardaba. El sargento se subió de nuevo a su vehículo y se alejó una calle más abajo.
—Soy el oficial médico Sudveth Sedán ¿Cómo te llamas? —preguntó a Cory.
—Cory —respondió simplemente.
—Cory ¿Eh? ¿Y no tienes apellido, rango o algún batallón al que pertenezcas?
—Si claro… eh —titubeo para responder y luego dijo—: Estaba… estoy con el avance de infantería del Oeste. Soy Cory Baus soldado de infantería.
—¿Baus? ¿Cómo el actor? ¿Qué haces tan lejos de tu grupo, el oeste está muy lejos de aquí?
—Supongo que me perdí de alguna forma —respondió Cory simulando algo de confusión.
—Si bueno, tu mano está lista, ya podemos seguir. En la base veremos esa herida de tu costado.
Continuaron caminado por varias cuadras hasta asentarse en un edificio de una sola planta. Una vez allí a Cory le cambiaron los vendajes y le sirvieron algo de comer, los aliados también llevaban consigo wisky y coñac y otros artículos finos como atún enlatado y chocolates que habían confiscado en redadas anteriores, o más bien saqueado de casas y aldeas del enemigo.
En una mesa cercana varios de ellos jugaban a los dados apostando artículos y joyas que seguro habían robado en alguna campaña de patrulla. Tenían relojes, pulseras de oro, anillos, dinero y cigarros. Los oficiales de rango no se incomodaban en lo absoluto por aquellas muestras de cinismo y poca ética. Para Cory era evidente que no se trataba de un grupo de soldados común y corriente. Había escuchado hablar de los S-OBER antes, un grupo de élite para respaldar las tropas en la batalla, pero en la práctica, puras historias de corsarios y pillaje.
El sargento mandó llamarlo para entrevistarse con él. Caminó hasta una habitación amueblada del edificio. El ambiente estaba enrarecido con un fuerte olor a tabaco extranjero. Al entrar le ofrecieron una silla y también un vaso con wisky.
—Así que te llamas Cory Baus, ¿Infantería del Oeste? —preguntó soltando una buena cantidad de humo y agregó—: ¿Sabías que ese batallón logró llegar hasta Balich y recuperar toda esa frontera? Algunos enemigos escaparon y vinieron a buscar apoyo en esta zona. Todavía queda un bastión enemigo haciendo alguna resistencia, pero pronto caerán. Ese es mi trabajo asignado aquí. Soy el sargento Alchz de la gloriosa décima octava división S-OBER.
Cory solo lo miraba sin atreverse a interrumpir.
—Hemos tenido mucho éxito en limpiar la zona de parásitos inmundos de todo tipo. Pero por ahora me interesa saber cómo un soldado de infantería, cuyo batallón está a unos cien kilómetros de distancia, vino a dar herido a una calle solitaria de este lugar, sobre todo cuando su grupo está teniendo éxito en la batalla. Es algo intrigante que quizá usted pueda explicarme… soldado Baus.
Cory se sintió acorralado, no tenía una historia que pudiera contar que sonara creíble. Decir la verdad, que era un desertor, que huía de la batalla de regreso a su hogar, seguro que no le granjearía la simpatía de aquel sargento que a todas luces era corrupto y sanguinario.
Balbuceó algunas sílabas, y el sargento Alchz respondió a su propia pregunta diciendo:
—Tengo una teoría. Algunos soldados sufren de lo que yo llamo “terror bélico”. Observan las muertes a su alrededor, la miseria que causa la guerra y comienzan a sentir miedo de que eso les pase a ellos, extrañan su hogar y a sus mujeres, y entonces son dominados por un deseo incontrolable de huir. No se dan cuenta de que no pueden evitar la realidad. Que la guerra los afecta sea que se queden en el campo de batalla, o sea que se vayan a casa. La diferencia está que los que se van son unos cobardes —dijo encendiendo otro tabaco y con el rostro visiblemente molesto.
Cory entendió entonces que no tenía sentido mentirle a ese hombre, solo bajó la mirada, avergonzado, como el que ha cometido una estupidez, como quien ha cometido un pecado deshonroso. Alchz lo miró fijamente y le dijo:
—Yo creo soldado Baus, que eso es precisamente lo que está pasando con usted.
Cory levantó la mirada al escuchar aquellas palabras, le sorprendió que no lo mandara a arrestar, o peor aún, que no le disparara allí mismo como seguro era su costumbre. Por un momento quiso pedir clemencia pero entonces recordó que quien le hablaba, si bien era un oficial superior, no tenía la más mínima moral de reclamarle nada, que también era un criminal de guerra y que seguro tendría muchos trapos sucios ocultos.
El sargento tomó la botella de wisky y le llenó de nuevo el vaso. Cory supo enseguida que su intención era otra diferente a la de seguir la ley militar.
—Pero también creo en la redención soldado Baus. Creo que el guerrero que todo soldado lleva por dentro no puede ser dominado por un simple temor. Y estoy seguro de que si le doy la oportunidad, usted me demostrará que tengo razón… Le juro por mi propio cuello que le conviene darme la razón, o de lo contrario tendré que tomar una decisión lamentable en su caso —dijo dándole la espalda a Cory y añadió hoscamente—: A partir de mañana prestará servicio con nosotros ayudando a recargar municiones, participará en todo combate que se presente y demostrará que no es un cobarde. Si intenta escapar de nuevo… lo cazaré y dejaré su cuerpo tirado como si fuera un perro muerto. ¿Le queda claro?
Cory quedó impactado por las palabras de aquel oficial. Alchz se dio vuelta para mirarlo, y de un solo trago, Baus bebió lo que le quedaba del wisky en el vaso. Se puso de pie y respondió sin agregar nada:
—Me queda muy claro señor.
continuará…
Héroe de Guerra (Primera parte)
Héroe de Guerra (Segunda parte)
Héroe de Guerra (Tercera parte)
Héroe de Guerra (Cuarta parte)
Héroe de Guerra (Quinta parte)
"La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que si se conocen pero que no se masacran" Paul Valéry
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