Hoy miro las fotografías y me parece mentira haber estado hace unos días allí.
Era uno de los "puntos fuertes" de nuestras vacaciones y ya puedo decir que no defraudó para nada.
Pocos paisajes dejan tan sobrecogido, por la inmensidad, por la belleza, por lo único del entorno.
Salimos de Los Ángeles a las 4 de la mañana y después de 7 horas y media de viaje, alcanzamos nuestro destino.
¿Mereció la pena el largo viaje? Desde luego que sí.
Pasamos medio día allí recorriendo los diferente miradores. Algunos andando y otro en el autobús que el parque pone a disposición de los visitantes.
Hacía bastante calor ese día, nos hubiese gustado recorrer más camino a pie pero el sol pegaba demasiado. Aún así, hicimos más de 5 kilómetros y pudimos admirar el parque desde varios miradores a nuestro paso.
Por la tarde concluimos la visita y nos pusimos rumbo a Tuba City, al hotel que teníamos reservado en una reserva de indios Navajos para esa noche, a mitad de camino entre el gran cañón y nuestra siguiente parada: el antílope cañón. Pero esto os lo contaré en otro post.
Espero que os haya gustado.