-En mi infancia tuve un grupo de amigas muy cercanas, estudiábamos en el mismo colegio, vivíamos todas en el mismo sector y siempre estábamos en la casa de alguna de nosotras. Nos hacíamos llamar “Las chicas superpoderosas”. Éramos poderosas en nuestro universo, nos sentíamos importantes y exclusivas; Imitábamos los trajes de nuestras superheroinas favoritas y nos quedaba…Casi igual, ¡Sin embargo eso no nos restaba poder eh! Pero paso el tiempo. Llego la adolescencia, la pubertad nos moldeo y pasamos de ser unos niños, a hombres y mujeres, jóvenes competitivos.
Yo me crecí mucho antes que los demás y siempre era la última de la fila por ser la más alta de todos los de mi clase. Siempre me veía más altas que las demás niñas incluso hasta más gruesa. Desde entonces me convertí en una chica bastante solitaria y solo tenía una meta: Ser como mis amigas; Flacas y delgadas, pequeñas y encantadoras. Un día mientras hablábamos en el comedor varias chicas de la clase, me fije que comparaban nuestras piernas. Una de ellas mira las mías y me dice: “Las tuyas son demasiado grandes deberías rebajar” y todas se rieron.
Las mujeres se comparan, compiten entre sí, se restan autoridad y se rebajan unas a las otras.
La mayoría de veces suelo escuchar a mujeres decir, “No me llevo bien con las mujeres” “Tengo muy pocas amigas mujeres por que ocasionan mucho drama” y es inevitable no encogerse. He experimentado todo tipo de relaciones con mujeres, buenas y malas, hasta toxicas y siempre me pregunto lo mismo una y otra vez ¿Por qué no podemos simplemente agradarnos unas a las otras?
Mujeres han luchado por años por obtener la igualdad de género en la mayoría de los aspectos, pero ¿Y el protegernos entre nosotras misma dónde queda? Al parecer esta premisa no es tan real como debería.
La mayoría de nosotras hemos experimentado una “amistad” con mujeres malas. Mujeres que ven las otras como una competencia en todos sus sentidos. Mujeres que son capaces de ser crueles para mantener su imagen. Mujeres que hablan de ti como si en realidad no hubiera una amistad de por medio. Enfrentamos una innegable desigualdad dentro del género mismo, donde se nos hace más fácil hablar de lo malo de otras mujeres, que de las cosas buenas.
¿Por qué ocurre todo esto?
Por siglos la mujer se ha limitado por la sociedad, por seguir parámetros de como debe comportarse una dama, como ser una buena mujer para casarse, como ser aprobada por la sociedad. ¡Y es tal cual!
Hoy en día hemos logrado muchas cosas, mucho más de lo que las mujeres de décadas pasadas hubiesen soñado, aun así, seguimos queriendo cumplir ciertos parámetros que aún se mantienen, parámetros de “damas” y cualquier mujer que vaya o actué en contra de eso, que simplemente no los cumpla, es vilmente criticada por el mismo género.
Necesitamos cambiar la forma en la que nos tratamos unas a las otras, debemos mejorar la forma en la que nos expresamos, pensar bien las cosas antes de decirla y ver como haríamos sentir a las otras mujeres con nuestro comentario: Sustituyamos un “Te ves horrible” por “Amiga tomate un descanso te lo mereces”, un “Eso no te luce te ves horrible” por “Te ves hermosa con lo que te pongas”. Las mujeres nos afectada más la crítica negativa del mismo género que a los hombres y como defensa personal muchas mujeres critican antes de ser criticada, por lo que se convierte en bucle infinito de críticas negativas que no van a ningún lado.
Necesitamos apoyarnos unas a las otras, hundir a otras mujeres es contraproducente y pérdida de tiempo. El tiempo que duras asegurándote de que tu compañera de trabajo no lo esté haciendo mejor que tú, inviértelo en tu tiempo asegurándote de ser la mejor empleada posible. No nos veamos como enemigas, porque no lo somos. No minusvaloremos a otras mujeres, sea por el futuro de nuestra especie o por el bienestar propio. Empecemos a actuar de acuerdo a ello.
