Cuando decidí venirme a vivir a EEUU con mi familia; no fue una decisión fácil; es decir, no fue sencillo emigrar de mi Venezuela natal, donde había vivido toda mi vida, donde tenía a todos mis familiares y amistades, y todo lo que alguna vez amé, a un nuevo país.
Pero…
Pero tenía que superarme; y pensar en el futuro de mis hijos, de mi esposo y mío. Cambiar de país es cambiar de vida y tengo que reconocer que EEUU es un gran país, lleno de oportunidades, que le abre las puertas a todo aquel que realmente quiera venir a trabajar.
No me arrepiento de haberme venido a vivir a USA, al contrario, agradezco a Dios por yo haber tenido la oportunidad de venir a vivir aquí (como en efecto hoy lo hago) y por permitirme a través del trabajo siempre honesto y esforzado (mío y de mi esposo) labrar un futuro mejor para mí y mi familia.
Pero he de aclarar que…
No digo que no pienso en mi Venezuela natal; ya que siempre la recuerdo con profundo dolor y tristeza por lo que le ha ocurrido a lo largo de los últimos 20 años (y le sigue ocurriendo), pero veo esto como una inversión, un aprendizaje, tanto para mi familia y yo, como para la mayoría de mis paisanos que se han visto en la imperiosa necesidad de también emigrar a EEUU y otros muchos países en busca de un mejor futuro para ellos y sus familias.
Veo esto como un aprendizaje; pienso que si algún día la situación en Venezuela mejora, podré regresar con mi familia a vivir allá y establecerme a vivir de nuevo en el país que me vió nacer; y todo lo aprendido, servirá (junto con lo aprendido por mis paisanos que se encuentran en la misma situación que yo) para que podamos reconstruir nuestra bella patria, que se llama Venezuela.
Bueno espero que les haya gustado mi post de hoy. Si tienen algún comentario, bienvenido.
Hasta otra oportunidad.