Era un cálido Verano, ni el viento que soplaba en aquel lugar, era capaz de disipar aquella tormenta caliente que presentaba la zona akumiana por aquellos días. En unas cabañas por la zona costera vivía Martín, un joven de 19 años quien aventurero solía desplazarse largos metros, fuera de su hogar en busca de aventuras; siempre encontrándose con eventos sorprendentes, fuera de lo común de la rutina costera; no tenia miedo era un chico intrépido, se inmiscuía y dejaba a un lado su intriga para hallarse con situaciones que le desencajaban y le sacaban una experiencia invaluable.
Martín era muy buen cazador, el chico vivía solo, cazaba su propia comida, siempre se encontraba en pantanos atrapando a su alimento preferido "cocodrilos" no paraba de degustarlos.
En uno de sus rutinarios días este decidio, cambiar los horarios y andar más lejos para ver que nuevo le esperaba, al caminar mas allá del pantano, se encontró con una formación extraña de palmeras caídas, tanto era así que aquellos arboles no parecían ser cortados por herramientas humanas, ante sus dudas siguió buscando pistas, por el lugar; el único descubrimiento que obtuvo fue una camisa de color blanco cortada en pedazos encima de arboles.
En su incansable búsqueda, se halló en una zona, que no resultaba del todo pintoresca; había mucho aserrín por el lugar y un fétido olor en el ambiente. En sus pasos largos, se topo de frente con una montaña de hojas, que para su no grata sorpresa aguardaba un cadáver; una de sus extremidades se yacía desprendida detrás de aquel cumulo de hojas sangriento. El chico asustado salio huyendo del lugar a las 17:30hrs del lugar nunca se imagino lo que este día le fuese a deparar.
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