Carta imaginaria a una fruta prohibida.
Hoy, al fin, me he atrevido
de forma extraordinaria,
mi carta imaginaria
a escribir escondido.
Por ser desconocido
su origen, nació un sueño
de tenerla en mi empeño
lo más apetecido.
Ni usted en el sentido
que en mis ansias se trepa
yo quiero que lo sepa,
y soy muy comedido.
Su bello parecido,
y cuerpo de princesa
le vuelan la cabeza
al más desentendido.
El pecado he evadido
de codiciar lo ajeno,
y sé que ese veneno
no debe ser bebido.
Yo tan solo he querido
saciar esta inquietud,
ya que por su virtud
aspirarla es prohibido.
Ni siquiera un cumplido
le voy a dedicar
pues no le iría a agradar
a su esposo querido.
De usted yo me despido
en mi silencio inquieto
con el mayor respeto
a una dama... ¿entendido?