No maldigas.
No maldigas, por favor,
que hasta puede ser la suerte
que todo se retrovierte
y te toca lo peor.
Sé tranquilo, bueno y fuerte
pidiendo paciencia al cielo
para que halles el consuelo
en el que deseo verte.
Maldecir es cruel anhelo
en el que mandas condena,
pero a veces esa pena
tiene rumbo paralelo.
Sé una persona tan buena
que, en lugar de maldecir,
más bien puedas proferir
una alabanza serena.
Te debes arrepentir
de ese mal a los demás,
y así encontrarás la paz
precisa para vivir.
De tal forma, verás más
producto de las espigas,
y muchas manos amigas
ofreciéndote tendrás.
Déjate de malas ligas
al momento de rabiar,
y cuando vayas a hablar,
alaba, y nunca maldigas.
Autor: Landis Rafael Álvarez Lecumberre
¡Qué bonito es ser poeta en este hermoso universo
para decir todo en verso desde la a hasta la zeta!