Pánico a la inyectadora.
Hace algún tiempo me dio fiebre, gripe, y una tos que no cesaba de día, y se detenía muy poco en las noches, por lo cual decidí asistir al ambulatorio cercano, donde me atendió una joven doctora quien, después de auscultarme y examinarme detenidamente, me recetó unas inyecciones.
Bastó escucharla dándome las indicaciones, para que me entrara una especie de escalofrío con temor en la parte vertical central del pecho. Era el mismo "sustico" que me daba cuando era niño, y tenían que sujetarme entre varias personas para poderme dejar puyar.
Terrible experiencia que no me ha permitido madurar pues, compré la inyectadora y los frsquitos, uno en polvo y el otro líquido, y presenté todo a la enfermera de turno.
Fue una incomodidad para esa enfermera. Me dio pena cuando me mandó pelar la nalga, por cierto, fea y manchada como de morado, luego me ordenó acostarme boca abajo, y lo hacía, pero yo sabía que estaba temblando del nerviosismo y del pánico por lo que vendría.
Volteé en el justo momento en que la bella mujer de blanco iba a clavar la peligrosa puya en mi indefensa nalga derecha, y a ella no le agradó esa acción. Lo intentó de nuevo, pero esta vez apreté de tal manera la nalga, que parecía un pedazo de cemento frío y fresco.
¡Qué barbaridad la experiencia con esa puya! Me envalentoné diciéndome a mí mismo, que eso de temer a una inyectadora, pertenecía a la época de mi niñez, y me hice creer que iba a pasar el trago duro. Pero la mujer se me puso muy brava cuando me di vuelta suplicándole que no me fuera a clavar esa aguja.
Ella apeló al mismo recurso de mi niñez, y entre 4 personas consiguieron inmovilizarme. Tenía ganas de llorar, y más aún cuando sentí que se derramaba ese líquido dentro de mi nalga derecha.
Con una pena muy grande, salí en una sola carrera. ¡Menos mal que era una sola ampolleta la que me había bastado de las que había prescrito la linda doctora, a quien vi cuando miré hacia atrás.
Caso contrario era el de las personas que ayudaron a inmovilizarme.
No lo hice bien, pero me sentí feliz de saber que eternamente soy niño.
Gloria a mi Dios querido.