Sin pensar en el rastro que dejaban mis pasos me marché. Recuerdo haber mirado una vez hacia atrás y allí estaba Eso, eso que un día fui, mirándome con una sonrisa malvada. Solo un par de minutos atrás había jurado ir tras de mi si me iba, y yo sabía que cumpliría ese juramento, pero no dejé que el miedo me impidiera alejarme del lugar en donde me había convertido en la basura que ahora era.
El bolso me pesaba más que nunca. Cargaba el peso de muchos años de indolencia, de obstinación y de mucho orgullo. Debía deshacerme de el, lo sabía, pero no allí. No tan cerca de ese lugar. Caminé varias calles. La noche sin luna me desalentaba, pero debía seguir adelante y alejarme aún más.
Entonces lo vi caminando a mi lado. A mi ritmo. Con el monótono pesar de quien ha ido tras de alguien muchas veces a traerlo de vuelta. Su presencia me intimidaba, pero no le demostraba debilidad. Esta vez no. Me tomó suave por el brazo, y sin dejar de caminar a mi lado me habló al oído.
—No tienes a donde ir. Regresa y hablemos de nuevo sobre este asunto. ¿Que eres sin mí?
Y su retórica tenía razón. Sin él, sin Eso, era un cuerpo más sin personalidad, una cascara cuyo interior fue desechado. Cuánta razón tenía el muy maldito, pero no iba a ceder, no de nuevo… no como siempre lo hacía.
—Iré a donde sea. A donde sea, pero sin ti.
—Ya lo has intentado ¿y de qué te ha servido? Siempre vuelves más confundido, suplicando de nuevo mi apoyo.
—Esta vez será distinto.
— ¿De verdad crees que será distinto? Solo mírate. Estás al borde de un abismo, sin ninguna saliente de donde asirte, ni ninguna mano que te socorra, salvo la mía. ¿Quién más podría preocuparse de una basura como tú, sino yo?
Le aparté la mano de mi brazo y lo encaré, me miró con sus ojos fríos y monótonos, sin inmutarse.
—Prefiero caer en el abismo que caer en tu mundo de nuevo.
—Suenas seguro. ¿Cómo regresarás esta vez, después de todas las barbaridades que me estas escupiendo?
—Regresaré y te mataré, me desharé de ti; te enterraré y me olvidaré que alguna vez exististe.
— ¡Que duro! ¿Así me agradecerás tantos años de servicio? Bien. Vete, te estaré esperando. Para que me mates, o vuelvas definitivamente a mí.
Y luego se marchó, me dejó solo de nuevo en la calle. El viento nocturno despeinó mi cabello, en algún lugar un lobo aulló, y yo supe que regresaría con Eso, con eso que fui, pues la mochila pesaba, y mucho.
¡Gracias por leer!