Seré expresivo y quiero presentarme ante ustedes de tal manera que los motive a seguirme. Deseo de todo corazón expresar mi arte, y que ustedes tengan un asiento exclusivo en primera fila para observarla y opinar libremente sobre ella. Apreciado lector, seremos amigos a partir de ahora ¿y qué mejor manera de entablar una amistad que conociéndonos? Me conocerás como alguien que ama escribir, por lo cual te diré cómo empezó esto.
El primer recuerdo que tengo con mi relación, y particular gusto por la escritura, lo visualizo sentado en el fondo de un salón de clases, a la edad de seis años, con todos los miedos y temores de mi niñez acumulados en la garganta. Recuerdo estar solo, sin saber qué hacer. La maestra aún no llegaba, y ya yo sentía la necesidad de irme. Mis compañeros me daban miedo, al más pequeño de ellos le llegaba hasta el hombro, o al menos esa es la imagen que tengo de aquel día. Ignoré cuando la maestra entró, no sé si por el hecho de que tenía el rostro tapado con mi cuaderno, o porque miraba por las paredes agujereadas al exterior con aire soñador, solo se que escuché su nombre a medias: «Tricia».
Las dos horas de la clases, antes del receso de media hora, transcurrieron fugaces entre las presentaciones de mis compañeros más seguros, y entre balbuceos apenas entendibles de los más tímidos. Estuve seguro de que pertenecería al segundo grupo y, como estaba al fondo del salón, seria el ultimo, y todas las miradas las iba tener como dardos venenosos clavándose en mi piel. Solo el timbre extendió mi agonía.
Sonó cuando faltaban dos de mis compañeros. No voy a ocultar que me sentí aliviado, pero esto solo hizo que mi temor fuera en crescendo, como redoble de tambores, extendiendo el momento crucial en el que tendría que ponerme de pie frente a mis compañeros y de «Tricia».
Cuando llegó mi turno las manos me sudaban y apenas pude decir mi nombre. Todos rieron al escucharlo. Tener un nombre raro es una mala suerte, tener un nombre y un apellido raro es casi una maldición. La maestra dijo algo que diluyó las risas y todas las miradas se desprendieron de mi. Fue como si me hubieran sacado la aguja luego de una inyección dolorosa. Me desplomé en mi pupitre y, por primera vez, noté que Tricia era linda... y amable, características que hasta hace un par de años, con mis maestras de preescolar como modelos, consideraría imposibles en una maestra.
Arranqué una hoja de mi cuaderno y escribí unas sencillas líneas que recuerdo a medias, pero decía que Tricia era tan linda como mi mamá, y algún otro símil que para mi edad era bastante aceptable, considerando que aún no aprendía nada sobre las figuras retóricas. Al terminar la clase, y todos se hubieron marchado, le di la hoja. Fue mi primera dedicatoria. Su risa fue inmediata y me dio un abrazo.
—Tienes un error aquí. —dijo y señaló con su dedo donde decía «Tricia» — Mi nombre es Patricia.
No recuerdo mucho más. Cuando lo intento solo me viene a la mente su sonrisa y la pregunta de si podía quedárselo. Obvio respondí que sí. Luego no escribí nada más (al menos que yo recuerde), no porque no quisiera, más bien era por sentirme apenado. Después de regalarle aquel poema (por que así lo considero) sentía que siempre estaba desnudo frente a ella, y para un niño de seis años estar desnudo frente a una persona del género femenino es como una tortura china. Esto sin considerar que era una adulta, que lo hace peor por lejos. Sin embargo logré superarlo, aunque aquella sensación de desnudez me acompaña hasta este dia.
Lo mejor de ese año fue que mi maestra cada día me guardaba un asiento al frente, y aunque seguí (y sigo) siendo tímido, mis ánimos mejoraron notablemente. Hoy considero que ese primer día sembró la semilla de lo que luego sería mi amor por este arte. Es una relación tormentosa y sufrida, con muchos tragos amargos y apatías; pero bella, placentera y dulce a la vez, además de salvaje e indomable. Espero no haberme extendido tanto como para que no llegaras hasta este punto.
Quiero ahora conocer a la persona que en este momento me lee para que nuestra relación prospere y de todos los frutos que una amistad es capaz de dar.