Un libro se apodera del lector cuando éste se identifica con el argumento planteado. Grandes lecciones de vida, las he recibido del séptimo arte, y esto se lo debo en gran medida, a mi padre. El señor Iván Real fue productor ejecutivo de películas venezolanas en la década de los ochenta. Era nadie para Hollywood, pero era Fellini para mí. Tengo recuerdos increíbles de niño, uno particular, como si fuera ayer, a la temprana edad de seis años y antes de abordar el bus para ingresar al colegio de hermanos lasallistas, esperaba en la sala de la casa y veía impávido una animación de origen británico que relataba el mágico y famoso libro de Tölkien “El Señor de los Anillos” ; y ahí estaba yo, maravillado frente a un televisor de perilla que cambiaba escasos trece canales, luego de haber batallado tratando de introducir un cartucho en una consola de vídeo llamada Betamax. Un invento que fue destituido con la llegada del también obsoleto VHS. Reliquias.
Lo cierto, es que me hipnotizaba. Iniciaba el día entre elfos y hobbits, para luego sentarme en el transporte, perdida la vista en las calles de la urbe, para luego llegar al encierro educativo y memorizar las tablas para multiplicar; cuando lo que mi mente repetía una y otra vez, era la posibilidad de llegar a ser un gran sabio, un hechicero habilidoso como aquel prodigio denominado “Gandalf the Grey”.
Luego, regresaba y mi padre no sabía muchas veces responder ante las preguntas sobre el mínimo común múltiplo o darles solución a problemas con datos y medidas… pero podía, sin pedírselo; dar una clase magistral en temas como la fotografía, planos, encuadres, música o guión de cualquier película del genio Kubrick. Ensimismado, absorto, preguntándose y contestándose a sí mismo, mientras su audiencia preferida (yo), lo miraba en silencio.
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Es por eso que no recuerdo lo aprendido en clases de álgebra, ni sobre raíces cúbicas, leyes de física o números atómicos; pero seguro podría apuntarme para ostentar el récord como la persona que más veces ha visto “La Naranja Mecánica” . ¿Unas 50? Me quedo corto. Es probable que al terminar de postear esto la vea de nuevo. 51.
Steemians, hasta hace poco añoraba siempre haber recibido de mi padre demostraciones de afecto típicas, quizá un abrazo acompañado de un “estoy orgulloso de tí, hijo” de vez en cuando para saber que iba en dirección correcta. Pero, estos “clichés hollywodenses” no ocurrieron.
Y resulta que estando en el extranjero, solo y perdido comprendí en un momento dado, que la necesidad de sentirme recompensado afectuosamente nacía en mí, y olvidaba que las manifestaciones de amor no deben estar limitadas a las que conocemos. ¿A dónde voy?
Pues, a que el amor como el arte, es infinito…así que si mi padre, no me dio un abrazo y una voz de aliento; era porque prefirió mostrarme la compasión con la lectura de “Los Miserables”, la espiritualidad con el “Bhagavad Gita” , y definitivamente a que nunca dejara de soñar y mantuviera siempre despierta la imaginación con “El Señor de los Anillos” .
Hoy, no estoy cerca de él, físicamente; pero lo veo en cada película, cada libro que pueda leer y en cada ilustración que pueda crear.
St33m 0n, W0rld!!