El hálito en extremo misterioso que envuelve su existencia retrotrae a una pintura barroca. Como hipnotizado observa con mirada lejana la lluvia pertinaz. Caravagio crearía una maravilla con la contemplación que Elías hace del milagro que baja desde lo alto llorando la tostada tierra. Captaría la cara iluminada por la llama de la vela y el cristal de la ventana empañado por su resuello caliente. El Tenebrismo sería perfecto si el pincel pudiera plasmar el sonido ensordecedor de los truenos. Pero no importa, El maestro se conformaría con su rostro a media luz hundido en la hipocondría. Sería una obra trascendente.
Leo A.
Caracas, 21 de abril de 2016