Transgrediendo la decisión de los progenitores, la tía Mercedes, a cuenta de que iba a ser la madrina; en el baptisterio picó adelante en el uso de la palabra y cuando el cura pidió el nombre la criatura quedo bautizada como Melinda. Por aquellos meses la radio y la televisión destacaba en los primeros lugares del “hit parade” la obra musical venezolana “Rosa Angelina”, y así decidieron Alejandrito y María Ramírez que debía llevar por nombre su primera hija. Anhelo que fue abortado poco después de su concepción. En el dos mil quince despidiendo a Carmen González en una funeraria de Nuestra Señora de Copacabana de Guarenas, un puñito familiar vituperaba entre risas y mamaderas de gallo la tamaña arbitrariedad de la tía Mercedes al cambiarle el nombre a la niña en el instante de recibir las aguas. Melinda contemplando sonreída la conversación se tiró al ruedo con la palabra exponiendo su complacencia en aquel hecho como afortunado y providencial. Le asistía la razón. Rosa Angelina calzaba bastante bien y holgado la década de los sesenta, pero en la actualidad, Melinda, pisa con elegancia y estilo los espacios de la frasquitera y el esnobismo… Por ahora ese es su parecer.
Leo A.
Los Teques, 8 de agosto de 2018